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La mujer de arena y el entomólogo



Al principio, el entomólogo observa entre las dunas a la hormigaleón, que hace una trampa en embudo por la que se cae su víctima; pronto es él mismo la víctima que cae en la trampa de arena. Se siente preso en una relación a la que ha sido forzado. Busca sin cesar una manera de escaparse, para no volverse loco. Ella teme cada noche, al acostarse, despertar a la mañana siguiente sola. La cooperativa la secunda, le busca el marido, la cuida mientras ella siga las reglas impuestas por la sociedad (lo mismo que la sociedad apoyará que una mujer se mantenga casada, porque soltera es más cara de mantener). Ella en realidad sufre porque él quiera escaparse: desearía que él quisiera quedarse. No le basta con que él se quede, debe además desearlo.



El hombre todavía no se ha dado cuenta de que la situación (o la mujer) lo ha puesto en el papel que mejor le va: querer escapar. Es el rol que más le gusta jugar, incluso más que estar libre. De hecho, cuando estaba libre era un entomólogo un poco zonzo que sólo deseaba que algún bicho tuviera su nombre, ahora es un héroe astuto, ingenioso. Si lo piensas bien, todos los héroes se prueban en situaciones extremas, de amenaza a su libertad. Si no hay amenaza, fuerza antagónica, conflicto, no hay historia. Es la manera masculina de construir una narrativa: el camino del héroe. Al final se dará cuenta de que tiene un nuevo propósito, mucho más importante que el nombrar un bicho, incluso más importante que escapar.
La vía femenina, en cambio, pasa por el rapto amoroso, el beso y el bosque; y su narrativa puede ser difusa. 

Suna no Onna, La mujer de arena (1964) Hiroshi Teshigahara


LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA


Slevin & The italian job: Me encantan las películas de ladrones ingeniosos y encantadores, perfectos gentlemen , reencarnaciones de Arséne Lupin. Creo que mi abuelita diría que hacen buenos novios sólo sobre el papel o la pantalla. (Cada uno lleva su propio caballo blanco, y esta idea no está mejor ilustrada que en las historias de los raptos de Zeus, que sabía entender de qué tenía que disfrazarse para seducirlas).

Volviendo a estas dos películas, deliciosas para pasar un fin de semana tranquilo y sin complicaciones, tienen otro elemento en común: se trata de una reverencia por la línea roja, la herencia del linaje familiar. Una reivindicación del padre y todas sus circunstancias. En S7 hay padres, hijos, e incluso un padre putativo. Padres que protegen a sus hijos, hijos que vengan a sus padres. Hijos que se independizan del padre. En TIJob hay un padre real, un padre putativo, la herencia en la sangre (lo que se hereda no se hurta), hijos vengando a su padre. Y enriqueciéndose con ello, en todo sentido.

Interesantes puntos de partida para una reflexión sobre el padre. Realmente me gustaría echarle el guante a ese libro que me presentó Gala Garrido (gracias Gala), de mi amiga Louise Bourgeois: La destrucción del padre. 

Arbol florido y salvaje

   
Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido, 
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado, 

Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida, 
tengo por bien sufrido lo sufrido, 
tengo por bien llorado lo llorado. 

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido. 

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
 

          -  Santa Teresa de Ávila




O VIRIDISSIMA VIRGA



Ave, oh verdísima rama, que de
la airosa brisa de las oraciones
de los santos brotaste.
Así el tiempo ha llegado
que tus ramas hayan florecido; ave, ave a ti,
que el calor del sol ha sudado de ti
olor a bálsamo.
En ti la preciosa flor floreció,
la cual dio perfumes
a todos los aromas que estaban áridos.
Y ellos irradiaron todo
en pleno frescor.
Es por esto que el cielo dio rocío al pasto
y toda la tierra fue regocijo
porque su seno trajo grano
y porque los pájaros del cielo
construyeron sus nidos en ella.
Entonces la cosecha estuvo preparada
y hubo una gran alegría de banquetes,
y por eso, oh dulce virgen
no hay alegría si carecemos de ti.
Eva rechazó todo esto.
Ahora glorificamos al Altísimo.

          -  Hildegarda von Bingen


Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.

           -  Tomas Tranströmer




LA SALVAJE

Entra por la ventana
tantea el aire y repta
largos brazos verdes puntas sensibles
enloquecida cabellera de gorgona
alarga sus tentáculos
por las paredes
se retuerce sobre sí misma
detrás de los cuadros
enrollada en zarcillos anhelantes

Irrumpen lianas desbocadas crecen hojas oscuras
se descuelgan ristras de corolas blancas
cándidos anzuelos triunfantes
de profunda boca
muda

Gotas de resina pegajosa cristalizan
en las tapicerías coloniales
Llegan las filas de hormigas nerviosas
zumban los enjambres polinizadores
la zarigüeya enseña sus dientes puntiagudos
entre las hojas anida

Nuevas ramas sinuosas
empujan los cristales se enredan en las persianas
exigen más territorio
con frenesí de pulpo vegetal
imponen su reino de insectos

La invasión se consiente
por la ofrenda floral
cotidiana 

En busca del barco


De nada vale vivir en la ciudad de un puerto
si el corazón de barcos no se llena. 

     -  Miguel Hernández (según Gloria)



Manos y almohadas




Frida Kalho tenía unos zarcillos en forma de pequeñas manos, que le habían sido regalados por Pablo Picasso. 




En las fundas de sus almohadas se leía: «Dos corazones felices». 



CODE 46




Una película que mientras más veo, más me gusta.
Una historia de amor bellísima. La construcción de una relación en circunstancias peculiares, y sus implicaciones.
Una reflexión visual sobre el urbanismo en nuestra visión del futuro (a la altura de Blade Runner).
Una excelente premisa de ciencia ficción: consecuencias de la reproducción in vitro; uso de virus para afectar el comportamiento (empatía, rechazo…); toda una sociedad basada en el binomio Adentro / Afuera (y ya esto merece todo un capítulo aparte: se ha profundizado una brecha ya dolorosa, la pobreza continúa en el “Afuera”, pero al mismo tiempo hay); el uso de una lengua asociativa, con palabras de cortesía en distintos idiomas (“papeles” son documentos, en castellano; “I love you” si es el hijo al padre, “Ti amo” si es al amante; etc.); sistema de valores que propone una revisión de la sinceridad y el respeto, las emociones… posibilidad de remover porciones especificas de la memoria. Y qué clase de biografías nos construimos, si desconocemos porciones de nuestra vida (quién eres, entonces, si no recuerdas? Y en última instancia, los recuerdos tienen un valor inmenso, aunque impliquen dolor y destierro: recuerdas que has amado). «No les importa lo que pienses/recuerdes, si estás Afuera.»
Trabajo actoral excelente, lleno de sutilezas.
Y además, con música excelente.


«It's so easy to pick someone for their qualities... we are constantly bragging about them.
Much more interesting, specially at this time of life, is to choose them for their flaws and wrongs: which ones can you live with?»

Mujeres que se inmolan



¿De dónde proviene esta imagen, arquetipo, estampa, bien enraizada en el siglo XIX y la primera mitad del XX, que florece gracias al espectáculo de la ópera? Con toda probabilidad histórica,  literaria y hasta mitológica,  de mucho antes. Mujeres inmorales, que se redimen por amor, mediante una crucificción asentada en su feminidad. (Nótese que las protagonistas son ellas.)

Madama Butterfly: una mujer de reputación dudosa (¿qué podían comprender de las geishas los europeos que recién se deslumbraban con esta isla? …su superior civilización occidental fue definida por Gandhi “Una idea interesante”), está dispuesta a sacrificar hasta lo más sagrado para ella, su religión, para plegarse a la religión de su esposo. Por amor. Lo entrega todo, y de todas maneras es rechazada. Y eso la convierte en heroína.




La Dama de las Camelias/La Traviata: una mujer de pésima reputación (en realidad, debe haber sido una mujer interesantísima; si hubiese nacido hombre habría sido un prócer) renuncia a todo, incluso a su amor, por amor. Para contribuir anónimamente al bienestar de su amado. Tanto altruismo es insoportable. Está dispuesta a perder el respeto de su amado, cosa muchísimo más importante que su propia dignidad, obviamente; es decir: a perderlo todo, y encima se muere. Y eso la convierte en heroína.
¿No es un poco perverso, como patrón?

No menos perverso que el hecho de que incluso hoy día siga latiendo subterráneamente; pero gracias a la diosa, están las “Slut-walks”.

Es el viejo síndrome de la Sirenita. Ver: complejo de Ariel. 

Hay besos que invitan


Qué interesantes las imágenes que nos obligan a pensar y a definir en qué lugar nos encontramos.




http://www.almamagazine.com/entradas-publicidad_de_benetton-el_beso_prohibido


«Lo que tú quieres que yo sea»






Nada mejor que comenzar a eso de las 7 y media a.m. con “La noche del cazador” (Charles Laughton, 1955). Qué maravillosa película. Ya había tenido la intuición de recordar “Whatever happened to Baby Jane” (1962), y es que hay algunas similitudes en los mecanismos para acceder a las emociones del espectador. Películas de terror psicológico, crudas sin necesidad de mostrar las imágenes: por inflexiones, sugerencias, sonidos, omisiones. En las que la balanza de la narrativa oscila entre quién es el fuerte y quién es la víctima.
                                                                                               
Me interesa en particular el desarrollo de la relación entre la madre y el predicador: la dinámica del enamoramiento redentorio. Que se revela, terrible, en el momento en que, después de desnudar su alma en la intimidad del espejo, en su noche de bodas, tendida en su cama ella ora a Dios por que le dé la fuerza de ser como él (el hombre-dios, acostado a su lado) quiere que ella sea[1].

Es evidente que una petición de esta naturaleza exige confianza ciega en las capacidades del Otro, el Amado, para saber juzgar lo que es lo justo y conveniente, dónde está La Verdad. Ella lo cree, por supuesto, y en ese momento se representa un drama universal: la sumisión a la voluntad del otro, la pérdida de la propia voluntad, da igual que sea por amor erótico o político.  

Y puesto que lo cree, con cuánta convicción (exaltada: la convicción del desvarío, del rapto) ella acepta su cruz, se inmola para salvarse: qué bien juega su papel de víctima expiatoria, cordero para la piedra del sacrificio, profetisa de su propia exaltación. Ella se convierte a los dogmas del Amado (no sabemos si por incapacidad de aceptar que se desinfle la imagen de sus proyecciones amorosas; o porque verdaderamente se da cuenta de que es la única manera de salvar la cara y cierta dignidad), aunque destruyan sus deseos más intensos, y está tan convencida, que condena esos deseos como impuros, y los pisotea. Para erguirse como santa y mártir.

Ella susurra: que me dé fuerzas para ser como él quiere que yo sea: es la oración cotidiana de la mujer que llama con desesperación y sin esperanza a su amor no reciprocado (pero será redimida por su fénix ardiente, dentro de tres años). En el intento de agradarlo, ella lo sobrepasa y se convierte en una caricatura de lo que ella ha proyectado en el Otro.

Quién sabe, quizás esa sea su misión, hacer del encuentro una terapia curativa.

Para esta mujer en situación de rapto, el Amado es un dios, y lo que él señale será la verdad, el camino y la vida. Quien lo haya vivido lo reconocerá. Querer ser, para el otro/querer ser para el otro: se acicala para que el ojo de él la aprecie, para dejarle saber que todos sus movimientos y sus pensamientos son para él, que le pertenece sin condiciones, que es suya aunque suene a bolero, porque así es; porque ella misma ha marcado con hierro candente su carne, con la marca del Amado: es la historia de O.

Oh, baby, «You’ve been lookin’ for love in the only foolish way you knew of.»

El otro polo, la otra opción, es una vida continua de investigar quien coño soy yo, qué es lo que quiero hacer y ser, cuál es mi forma de vida, dónde están mis preferencias, mis verdades y mi ética.

Entonces, si me sumerjo en un rapto y escojo bien (qué mejor raptor que Zeus, ¿cierto, Calisto?), remolcador tiburón a rémora, me cuelgo de ti, me inmolo sobre la piedra como ofrenda, tómame toda que del holocausto saldré renovada en más flameante espíritu, más yo y más sola, brillantemente deslastrada de lo que se supone que según las expectativas sociales debería ser y hacer.

Un buen amor te hace crecer hasta ser lo más tú misma que se pueda.




[1] Al revés de lo que hace Zeus, tan astuto, biricchino, que se convierte en lo que ellas desean: lluvia de oro, cisne, diosa. 

Tres barquitos


En el azul turquesa, imposible azul turquesa, blanca flor, arena animal que decora la piel y sostiene en su regazo las estatuillas de grieta vertical, ojos en grano de café. Azul, azul profundo alrededor de los naufragios, madera que se pudre, huesos que los peces besan, su alimento ya ha sido repartido en comunión. Tortugas verdes como ángeles.
Tres barquitos vienen a descubrir alguna cosa para otros, uno dos y tres, no somos islas sino un archipiélago, conectados en el fondo, comemos del mismo bentos, lo que nos une siempre más vasto de lo que nos separa.
El primer barco dice:
Así se ha hecho y así cumplido, esto caminaría a tu ritmo por donde tú quisieras.
El segundo barco dice:
Nostalgia, nostalgia del tiempo del verbo.
El tercer barco dice:
Quién es más afortunado: ¿el que vive el don, o quien lo ignora?
Tejemos con nuestras manos nuestro más luminoso destino.

Las llaves estaban en la óptica. PARÁBOLA.



La que echaba las cartas miró las imágenes, miró la mujer delante de sí, temblorosa de expectativas e ilusiones, evaluó su juventud ardiente y al mismo tiempo las capacidades creativas de su espíritu, y concluyó, «Sí: ella es quien le conviene; será más feliz con ella.»
Miró, en las cartas, el rostro del amado, sabiendo; frente a sí tenía a la enamorada, que no sabía. Se preguntó si sería capaz de despegarse del fantasma amado por tanto tiempo, que ya formaba parte de su ordinaria manera de respirar. Se preguntó si sería capaz de mirar a través de otros ojos que no fueran las pupilas que imaginaba para él, si sería capaz de volver a forjar una mirada propia. Se preguntó si, en caso de haber malinterpretado las cartas, y la que consultaba no fuera la enamorada, o el rostro del amado fuese diferente, si entonces hubiese cambiado su criterio, y concluyó: «No, seguiría pensando que ella es quien le conviene. Haría lo que me fuese posible para juntar estas dos fuerzas creativas, porque el resultado sería beneficioso para todos y contribuiría con su hálito a un mundo mejor.»
Habló entonces, señalando el doble corazón al unísono, y celebró con la consultante su amor (se miraba en un espejo).
Lo que ella no sabía, es que la consultante también, en la limpieza de su corazón honesto como un lago, había votado por la otra, reconociendo sus virtudes, y le cedía el reino, sin saber que la otra era quien ahora le leía la buena fortuna.
Pero todas estas cosas pasaban por debajo de lo que ven los ojos, mientras la coreografía sobre la superficie de la tierra se transmitía en horario estelar por los telecanales. Debajo están los hilos invisibles que agitan las experiencias, en el más profundo mar. Recogemos luciérnagas por el camino, cocuyos.
El Amado sintió un instante sólo pasar el ángel del desconcierto, recordando otro rey y su solución con la espada: admiró entonces a ambas mujeres, con flamas diferentes; pero ahí mismito se repuso, sonrió y alargando su mano derecha tomó la de la Desposada, mientras su mano izquierda tomaba la de su Amiga. (o viceversa: pero nunca se supo de rencillas a diestra ni a siniestra).



¿Qué piensas tú? (Sal de Arcadia)


Pienso esta mañana que cuando me siento abrumada por detalles domésticos, lo que siento es una zozobra existencial que no sé cómo manejar, con la cual no sé cómo bailar. Me pregunto qué es lo primero que pienso cuando abro los ojos al nuevo día que comienza, qué rituales y mecanismos uso para reconstruir el mundo una vez más y mi puesto en él. Y pienso también en qué es lo que me llevo a la cama y acaricio entre mis pensamientos, justo antes de abandonarme al sueño. Estoy curiosa de saber qué piensas tú, como si con eso pudieras darme alguna clave.
Arcadia termina, porque el verano da paso al otoño y hay que dejar las hojas caer, pero es difícil evitar la nostalgia por esa savia y su brillo de miel, ámbar y sol; y sobre todo la ligereza en el corazón, que crece con cada golpe de viento y casi duele de felicidad y desconcierto amoroso.
Queriendo alargar el dulzor de la savia solar, alargo mi mano con esta carta, a cada hora, y en mi mano se queda. El ángel de la pertinencia me aguanta un ratito y me susurra al oído (a veces hace falta que aúlle, y ni aun así, y no recuerdo si este aun lleva o no acento), me susurra que lo que sucede en Arcadia se queda en Arcadia, exactamente como en las salidas de campo, aunque luego era mentira y todo se sabía; y que así como pasó el verano de Sardegna, cada uno lo vive y revive a su manera, no todos vivieron esta revelación, esta epifanía es toda mía. Y tuya, si la oyes.

Arcadia es un país utópico, un Jardín con jota mayúscula, el edén perfecto que todos hemos construido alguna vez en nuestra imaginación, el refugio de la inocencia cuando es fruto del sentido común y sobre todo mucho, pero mucho amor: cuando todo es perfecto, en la cresta luminosísima de la ola. Una vehemencia que creía desaparecida, ola más grande y potente incluso que el arrebol del amor. También, aprendo es el asteroide número 1020, parecen cosas del pana principito. Para más Arcadia, wiki: http://es.wikipedia.org/wiki/Arcadia_(poesia)

Atalanta era una chica muy desenvuelta, tanto que fue la única mujer en la nave Argos, capitaneada por Jasón que iba en busca del vellocino de oro y lo que hizo fue encontrarse con Medea. Había prometido no casarse, y para hacer desistir a los pretendientes, los retaba a una carrera, en la que siempre vencía. Quien la rindió finalmente fue Hipómenes, gracias a la treta de dejar caer tres manzanas de oro durante la carrera, una a la vez (demostrando que lo que ella necesitaba aprender era a doblegar su propia prisa). Fueron muy felices juntos, y tanto se amaron que los dioses, celosos, los convirtieron en leones. (ídem como arriba: http://es.wikipedia.org/wiki/Atalanta)

Desde la República de Arcadia, segunda parte.


Quizás eso, justamente: el ensayo de estar cerca, sin la urgencia de la cercanía, sin ninguna urgencia. (Y entonces, pregunta la vocecita rubia que me vive en la vecindad interior: ¿qué pasa con la pasión? ¿Tendría que olvidar la emoción que desarregla la fisiología, de puro placer de verte, e incluso de pensarte? ¿Tendría que renunciar al deseo potente, violento, fiera desatada, que gruñe y se revuelca sobre hierba y polvo para alegrarse mutuamente? ¿Y las dulcísimas e inofensivas locuras, qué digo, esas deliciosas y peligrosísimas locuras, especialmente peligrosas para los rígidos, los que no saben ni quieren jugar. È una festa, la vita. Definitivamente. La fiesta inolvidable.

Más, como siempre, entrenamiento al amar (páginas para la diferencia entre sustantivo y verbo): llevar la justa rienda, sostener en el aire al papagayo por las buenas artes del cordel: ni muy apretado, ni demasiado suelto. Apego, sí, inevitable; deseo, que no falte, como entre Atalanta e Hipómenes; gozo del cuerpo y espirales de soma para impregnar el mundo de dulzura y flores. Y sin que falte: saberse hablar, la honestidad por delante, que sea serena, respetuosa y certera en la elección de la forma, como siempre: cortesía. Amar: hacerse crecer. Mejorarse mutuamente. Hacer cantar el corazón, crear, generar descendencia por puro gozo.

También es esto otro: la atención continua. El cuidado en que el detalle refleje, como un fractal, lo que quiero, mi intención: que ambos nos encontremos bien y a gusto, cuando estamos tú y yo; que yo me encuentre bien y a gusto, cuando estoy sola. Buscar la palabra más acertada: asertividad. La búsqueda de la palabra correcta, la palabra justa. El peso de cada detalle, ejercicio zen en el cual se (¿infinitivo del verbo derivado de “excelencia”?) cuando todo está en su preciso lugar, y como un mecanismo de relojería todo sucede exactamente: es como una máquina sincrónica natural (situación que ya había entendido el autor de las bolas de drac), una semilla de perfección, la parábola marca Victor, del estudiante zen que alcanza la iluminación satori al beber el té perfecto de una taza perfecta, servido con los movimientos justos desde la tetera perfecta, etc. Poder de los detalles. Y también, por otra parte o juntos, sentido común. Ética y estética. 




Atalanta era una chica muy desenvuelta, tanto que fue la única mujer en la nave Argos, capitaneada por Jasón que iba en busca del vellocino de oro y lo que hizo fue encontrarse con Medea. Había prometido no casarse, y para hacer desistir a los pretendientes, los retaba a una carrera, en la que siempre vencía. Quien la rindió finalmente fue Hipómenes, gracias a la treta de dejar caer tres manzanas de oro durante la carrera, una a la vez (demostrando que lo que ella necesitaba aprender era a doblegar su propia prisa). Fueron muy felices juntos, y tanto se amaron que los dioses, celosos, los convirtieron en leones. (ídem como arriba: http://es.wikipedia.org/wiki/Atalanta)

Formas de silencio


Era el último linotipista. Había aprendido el oficio de su padre, al que vio morir lentamente envenenado por el contacto cotidiano con el plomo. Día a día formaba palabras combinando los pequeños tipos con sus manos, la máquina sonando su peculiar música, el metal reptando por la piel hasta las entrañas. 

Era el último de su especie y había conocido a varias generaciones de todos los operarios en la tipografía; se enamoró de la nueva recepcionista. Pasó tres semanas pensando en ella cada día, tipeando en su teclado las manos pensaban en rozar su cabello y los botones de su blusa. Nunca había hecho tantos errores, las palabras en barra caían al caldero, el plomo se fundía y renacía como pasta maleable para formar nuevas palabras que él imaginaba todas para ella. Empezaba cada línea pronunciando su nombre, recordando la sonrisa fugaz de cada tarde al despedirse, evocando el color de las uñas ese día; por la noche compartía la cena frugal con un fantasma amado, al escuchar un bolero en la radio la estrechaba bailando, al acostarse se despedía con un beso y por la mañana anhelaba su saludo breve. 

El penúltimo día llegó la impresora nueva, que procesaba en cuatro colores texto e imágenes directamente del original digital. A la salida obsequió a la muchacha el libro más hermoso entre los que le habían donado del depósito que necesitaba hacer espacio: el que venía con dibujos y fotos; ella lo recibió con agradecimiento distraído, absorta en un complicado trámite de divorcio que le había agotado las ganas de enredarse con hombre alguno. 

Al día siguiente, mientras desinstalaban la máquina de tipos de plomo, ayudando al muchacho de la guillotina un error cortó limpiamente sus dos manos, ya inútiles. 

cuánto me has dado y qué poco me das.


¿Para qué se hacen las confesiones, qué propósito tienen? ¿Creemos que nos harán obtener alguna cosa? ¿O son una expresión ingenua y peligrosa (para quien con candor las hace, Voltaire)? Aparentemente no hay una tercera opción que represente para el que las expresa algo diferente de un juicio negativo o una condena certera. Hay que saber contenerse y esperar el momento oportuno (y eso no es manipulación: es instinto de conservación; lo pronuncio en afirmativo, quitando el punto de interrogación, y no estoy segura de si hay ironía o deseperanza en mi voz). Hay que saber jugar a ese juego de silencios y fintas, como la anciana dama escondiendo tras anzuelo y negación el retrato de Jeffrey Aspern (se exhibe y se esconde, con esa desagradable teatro/función de la coquetería que se quiere “típico”; la anciana maneja los hilos, y el rostro que seduce es el retrato). Hay que aprender a empuñar el hacha, Caperucita, y meter arsénico y crueldad en el cajón del arsenal, al lado de la ropa interior. 

Es mejor esperar, aguaitar las señales correctas, ¿cuánto tiempo hay que esperar por las señales correctas? ¿Y cómo estar seguros de que son las correctas? 

En la sabana que tan bien nos hizo conocer el narrador aquel de los abejarucos, con sus veraces teatrinos del hogar de las fieras africanas, los carniceros hacen largos paseos introductorios, vigilando los movimientos del otro, su respiración, el tenor de su aliento; se miran con fijeza, demuestran cuán feroces son, descubren los dientes, exhiben los genitales, despiden alguna nauseabunda ofrenda para establecer quién domina la situación, y al quedar claro ya todos están contentos y pueden sorber tranquilamente su té. Mundo carnívoro, quién va a querer ser grácil gacela, evanescente okapi. 

Talento suicida, exponer la yugular. Vengan, aladas bestias, nada mejor para atraer los carniceros. 
¿Publico, o no publico? 

LA SEGUNDA PARTE DEL CUENTO (primera parte)


Los héroes hacen muy malos amantes. 
Lo saben bien Ariadna, Medea, Brunilda y tantas otras; pero es Dido quien recibe la verdadera explicación (lo que no la salva del dolor): Eneas debe partir, porque su destino heroico es más importante que el amor. Los héroes saben que este episodio amoroso no es más que una etapa de su formación de héroe, y mientras están concentrados en su viaje, realmente no se interesan más que por sí mismos; y velozmente huyen en su corcel o velero, si se encuentran con algo que pueda frenar o detener su gesta. 

Los cuentos de hadas nos daban pistas, antes de ser mutilados y domesticados para satisfacer intereses comerciales más bien que servir a su propósito instructivo y recoger el destilado del viaje de la humanidad. 

Ahora el cuento acaba con el beso y luego nos dan perdices; pero originalmente la historia continuaba y la doncella tenía ocasión de hacer su parte del trabajo. Tomemos el ejemplo de la Bella Durmiente: los hermanos Grimm (la Bella Durmiente) la tomaron de Perrault (la Bella en el Bosque Durmiente, la diferencia es importante) y éste de Giambattista Basile (Talia, el sol y la luna), aunque, como sucede con todo cuento sólido, hay más ejemplos y variaciones. Después de despertar a la doncella dormida (o de dejarla embarazada sin más, para que despierte en el parto), el héroe regresa a su patria y la olvida inmediatamente. Entonces comienza la segunda parte del cuento. 

La heroína comienza ahora su viaje, que consiste en resolver dos tareas: encontrar a su esposo, y devolverle la memoria. La primera tarea no es fácil, el esposo está en el País de Irás y No Volverás, en los confines del mundo. Ella tendrá que gastar zapatos de fierro y hacerse ayudar por ogros y vientos caníbales y hasta un pajarero, para dar con el paradero de este caballero elusivo. Y llegará a verlo justo en el momento en que se está casando con otra. Y aquí viene la segunda parte de la tarea: despertar al amnésico (nótese la hermosa simetría: ahora es él quien está dormido). Con alguna astucia mágica (que a veces involucra la inmolación personal) eventualmente lo consigue, y entonces pueden por fin celebrarse las nupcias sagradas. 

Algunos nunca despiertan. Esto aplica para tanta historia de amor incompleta, por supuesto, pero su aplicación más útil tiene que ver con la armonía de los eternos amantes interiores, ánima y ánimus.

El rey de Thule


Había un rey en Thule a quien su amante legó, como recuerdo de su amor, su copa de oro cincelado. Nada había para él de tanto valor como aquel vaso, y cada vez que de él bebía, sus ojos se anegaban en lágrimas. Cuando presintió sus últimos días, dividió su herencia y lo entregó todo, a excepción de aquella copa querida. Del festín con sus barones y nobles se levantó en silencio el rey, y en el balcón bajo el que rugía el mar bebió y arrojó la copa a las olas oscuras. La vio girar en las negras aguas y hundirse, y nunca más se le vio beber. 


Le roi de Thulé 

Il était un roi de Thulé 
À qui son amante fidèle 
Légua, comme souvenir d'elle, 
Une coupe d'or ciselé. 

C'était un trésor plein de charmes 
Où son amour se conservait : 
À chaque fois qu'il y buvait 
Ses yeux se remplissaient de larmes. 

Voyant ses derniers jours venir, 
Il divisa son héritage, 
Mais il excepta du partage 
La coupe, son cher souvenir. 

Il fit à la table royale 
Asseoir les barons dans sa tour; 
Debout et rangée alentour, 
Brillait sa noblésse loyale. 

Sous le balcon grondait la mer. 
Le vieux roi se lève en silence, 
Il boit, -frissonne, et sa main lance 
La coupe d'or au flot amer! 

Il la vit tourner dans l'eau noire, 
La vague en s'ouvrant fit un pli, 
Le roi pencha son front pâli... 
Jamais on ne le vit plus boire. 


Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1749 - 1832) 
(Canta Margarita, mientras se desnuda en su habitación, 
sin saber que Fausto y Mefistóteles acaban de estar allí).
Traducción de Gérard de Nerval, Odelettes (1853).

EL EJE DE LA TIERRA SE HA DESPLAZADO OCHO CENTÍMETROS


Vivimos una época fabulosa, nos avecinamos a más prodigios.

El año 2012 se acaba la piedra maya; tenemos indicaciones de qué sucedió al comienzo de esta era, en el año 3114 a.C., pero no nos explican cómo se calculan los 5126 años que dura la era. Lo que es seguro, es que tendremos la inmensa suerte de ser testigos del cambio, el advenimiento del Ragnarok. Cambios inconmensurables e imposibles de imaginar. La gran (o pequeña, según) bola terrestre se precipita hacia su destino, inundaciones, desastres, volcanes en erupción y meteoritos; mientras tanto, Ella Fitzgerald, el crecimiento milagrosamente espiral de los brotes de helecho, el verde esmeralda irisado sobre los élitros de los escarabajos, las nubes, los caracoles que giran respetando el número de oro, y esos momentos tan elusivos de puro gozo salvaje por razones inexplicables, y la dulzura de descansar al lado de quien creemos nos durará para siempre, porque para siempre es la duración de un aliento compartido.

Qué importa lo que sucederá ni cuándo el fin del mundo, sino cómo habremos aprovechado este don complejo y difícil, y qué mano amada estará en nuestra mano para asistir a los fuegos artificiales.

Amparo del dolor


Se hacen tantas críticas a los amores unilaterales (no por ello improductivos, no por ello fracasados); las buenas amigas siempre están prontas a aconsejar: olvídalo, no vale la pena, deja de sufrir, no te merece. Nada de eso tiene sentido. Pero la verdad, como suele suceder con la verdad, sierpe escurridiza, pececillo viscoso que se resbala entre los dedos, está ya en otra parte. Habría que agradecer el látigo amoroso que nos fustiga para exigirnos la transformación de la oruga.

Alégrate tú que has sufrido el sufrimiento, esto no lo habías sufrido nunca antes.
Lámina órfico-dionisiaca.

Por supuesto, hace falta un alma entrenada para poder apreciar las sutilezas de esta bendición.


NOTICIA DE FRACASOS
Shackleton zarpó en 1914 a conquistar la Antártida
El Apolo 13 salió de la atmósfera terrestre para tocar la luna
Un puñado de improbables jamaiquinos decidió competir
en las olimpíadas de invierno
Yo me senté al telar, para esperarte
e igual que todos ellos
cuento la historia de mi triunfo

(Tú, -que nunca supiste
todas las maneras en que te amé
ni de los diálogos de horas y a deshoras
fuiste mi dueño y te serví con qué fervor
tú que nunca supiste-
fuiste mi victoria mayor)


II PARTE DEL TEMA DE SIEMPRE


No sé cómo es que se supone que los grandes poetas de amor son de raza masculina, cuando somos preferiblemente las mujeres quienes, dejadas macerando en nuestras fantasías amorosas –que desgranamos como el rosario y embellecemos con toda clase de adornos y unciones, pluricotidianamente–, estamos en un constante diálogo con el amado ausente, lanzando infinitas botellas al mar; mientras el que nos hace suspirar, sufrir, temblar y ultimadamente (en el mejor de los casos) evolucionar, está picafloreando en todos sus otros intereses y expandiéndose chapoteando en la infinita libertad de su vida independiente. El hombre, marcado por el destino del héroe, está hecho para las grandes hazañas, la conquista y el desprecio por lo débil. La mujer, que no necesita conquistar nada ni demostrar su florecimiento por ningún rito de paso simbólico, pues la naturaleza se encarga de no dejar dudas al respecto, está hecha para llevarle al encuentro con lo sagrado.

¡Hombres que sois amados! Abandonad el desprecio y la actitud de águilas planeadoras; pues toda entrega es sagrada, todo encuentro un milagro, e ignorarlo es Pecado Capital. La prueba última, la que demuestra al interior del corazón mismo, el último juez, el propio valor, es aprender a amar, ése es el reto.

¡Mujeres que os resistís a amar y ser amadas para evitar sufrir! No es necesario fingir altivez. El poder está en el centro justo del cuerpo, sólo hay que entregarlo a quien designen los dioses.

Y sobre todo no quiero escuchar quejas y reclamaciones indignadas sobre pretendidas igualdades: ya se quemaron los sostenes, lo que en su momento hizo falta, y ahora toca restablecer un orden en que cada bando reconozca su lugar (de diferencia), desde el respeto, para poder volverse a encontrar.

La alegría suprema no está en ejercer el dominio sobre el otro ni en tener la seguridad de saber que el compromiso durará para siempre (ilusión); sino en entregarse por completo y fundirse con el dios/la diosa que el camino nos ofrece, dejarse trabajar por las manos sabias del amor.

En un cuento (de ¿ciencia-ficción?) que leí recientemente, se llevaba a cabo un experimento de mejoramiento de la raza humana. Partiendo de la evidencia de que los niños criados por animales salvajes se convierten en parte de la manada y no en humanos, se concluye que el ambiente que rodea al niño durante su crecimiento es lo que determina la verdadera evolución del hombre, la posibilidad de desarrollar ese famoso 80% de la capacidad cerebral que siempre se queda intocado. Crean pues una pequeña comunidad aislada del mundo, un ambiente estrictamente controlado en que cierto número de niños recién nacidos son criados envueltos en amor y apoyo continuos, sin represiones ni castigos ni violencia de ningún tipo. El resultado es que se desarrollan hasta extremos insospechados sus habilidades y sobre todo que las relaciones que estableces con el resto de los seres vivos están marcadas por la comprensión empática y el amor desapegado (puesto que no hay nunca separación). El resultado en el mundo exterior evidentemente es que suscitan pánico. Pero lo que me interesa aquí es si hay la posibilidad de hacer reingeniería de nuestras convenciones, miedos y condicionamientos aprendidos, y repartir abundancia a todos, sin quitar a otros. Piso el terreno de la utopía, lo reconozco, y el peligro de las utopías es que cuando se ha creído ciegamente en ellas al punto de querer imponerlas por la fuerza, para el mejoramiento de los pueblos, se han establecido por el camino de la violencia, de la glorificación de la violencia incluso, y es la parte que a mi entender desvirtúa el ideal original.

Muchas veces me pregunté qué clase de relaciones humanas se establecerían, qué tipo de sociedad florecería, si todos pudiéramos saber lo que sucede en la cabeza de todos los otros, en profundidad, hasta reconocer que finalmente todos, lo que queremos es que nos quieran.

¿No haces circular los mantras del Dalai Lama y las maldiciones encubiertas en oraciones amenazantes? Pues que rueden estas reflexiones, no sea que aporten su granito de arena, y ni siquiera tendrás mala suerte si no lo envías en los próximos cinco minutos.

Además, tengo mucha curiosidad por saber qué puede volver a mi buzón, y en cuánto tiempo...



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