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Lo que queda


«Sólo podemos confiar en lo que queda después de que terminan todas las ilusiones. Y queda mucho. Todo, realmente.» 
Del diario de un director de orquesta austriaco, aquejado de Parkinson (Otmar Suitner). 
Maravilloso el documental: 'Nach Der Musik (AFather's Music)', dirigido por su hijo Igor Heitzmann. 

Arbol florido y salvaje

   
Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido, 
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado, 

Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida, 
tengo por bien sufrido lo sufrido, 
tengo por bien llorado lo llorado. 

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido. 

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
 

          -  Santa Teresa de Ávila




O VIRIDISSIMA VIRGA



Ave, oh verdísima rama, que de
la airosa brisa de las oraciones
de los santos brotaste.
Así el tiempo ha llegado
que tus ramas hayan florecido; ave, ave a ti,
que el calor del sol ha sudado de ti
olor a bálsamo.
En ti la preciosa flor floreció,
la cual dio perfumes
a todos los aromas que estaban áridos.
Y ellos irradiaron todo
en pleno frescor.
Es por esto que el cielo dio rocío al pasto
y toda la tierra fue regocijo
porque su seno trajo grano
y porque los pájaros del cielo
construyeron sus nidos en ella.
Entonces la cosecha estuvo preparada
y hubo una gran alegría de banquetes,
y por eso, oh dulce virgen
no hay alegría si carecemos de ti.
Eva rechazó todo esto.
Ahora glorificamos al Altísimo.

          -  Hildegarda von Bingen


Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.

           -  Tomas Tranströmer




LA SALVAJE

Entra por la ventana
tantea el aire y repta
largos brazos verdes puntas sensibles
enloquecida cabellera de gorgona
alarga sus tentáculos
por las paredes
se retuerce sobre sí misma
detrás de los cuadros
enrollada en zarcillos anhelantes

Irrumpen lianas desbocadas crecen hojas oscuras
se descuelgan ristras de corolas blancas
cándidos anzuelos triunfantes
de profunda boca
muda

Gotas de resina pegajosa cristalizan
en las tapicerías coloniales
Llegan las filas de hormigas nerviosas
zumban los enjambres polinizadores
la zarigüeya enseña sus dientes puntiagudos
entre las hojas anida

Nuevas ramas sinuosas
empujan los cristales se enredan en las persianas
exigen más territorio
con frenesí de pulpo vegetal
imponen su reino de insectos

La invasión se consiente
por la ofrenda floral
cotidiana 

De la virginidad


Emprendemos las actividades que nos son desconocidas con cierta torpeza. No conocemos el vocabulario ni la rutina, los gestos habituales y esperados, nos podemos sentir inseguros con el resultado. Usualmente la incomodidad inevitable nos desestabiliza un poco, y buscamos salir de ella lo más pronto posible, entender las reglas y dominar los supuestos para sentirnos más seguros, más en control.
En cambio quisiera sugerir el ejercicio de dejar que se extienda ese momento de torpeza, inseguridad, descubrimiento, que nos devuelve a una sensación que viene de la infancia. Permitir que nos haga sentir vulnerables, ignorantes, vírgenes. Hay allí, en esos momentos que finalmente siempre pasan velozmente, algo encantador y que contiene información interesante.
Esto vale tanto para aprender un nuevo idioma o un instrumento musical, como para comenzar clases de ballet, hacerse las uñas por primera vez, o vivir las primeras deliciosas fases del enamoramiento. 

Manos y almohadas




Frida Kalho tenía unos zarcillos en forma de pequeñas manos, que le habían sido regalados por Pablo Picasso. 




En las fundas de sus almohadas se leía: «Dos corazones felices». 



NATIVIDAD MÍSTICA de Sandro Botticelli




Alessandro Botticelli pinta en 1501, durante las turbulencias de Italia y la decadencia en Florencia, una ronda de ángeles que nos eleva hacia la dorada luz del paraíso, y la renovación que promulgaba Savonarola. Volver a los principios: a lo simple, a lo básico, la búsqueda de la paz. 



Iglesia de San Felice in Piazza: Filippo Brunelleschi construyó una escenografía teatral para una representación sagrada de la Anunciación, en la que un coro angelical de muchachos alados giraba sobre una estructura dorada en forma de cúpula, mientrad el Arcángel Gabriel descendía por medio de winches, para saludar a la Virgen. No se excluye que el mismo Botticelli, de muchacho, asistiera a una de estas representaciones sacras.



Recuerdo unos calendarios de adviento alemanes, de madera, con un molinillo de madera cuyas aspas giraban perezosamente gracias al humo que ascendía de las velas. «Violence is not the default setting», hermanos. Feliz Navidad. 


Por todos los huevos



Me regalaron un huevo de avestruz. Aparte de que es la célula más grande del mundo (y esta frase por alguna razón me hace pensar de inmediato en las diatomeas y sus cuerpos fantásticamente geométricos), es un objeto que para mí tiene ecos de un mundo encantado, de cuando vivía en un gabinete de curiosidades y no lo sabía; de cuando navegaba en las cámaras de un Nautilius y yo misma era “Nadie”, en romántico anarquismo. 



Más específicamente, me recuerda la lectura de El tigre en la vitrina y la casa de mi tío-abuelo, que tenía una espaciosa biblioteca de dos pisos, con grandes mesas para desplegar todo lo que se estaba investigando al momento, y un apartamento privado en esa ala de su mansión, para las investigaciones muy comprometidas. En su laboratorio en el sótano, el tío-abuelo estudiaba el crecimiento de algas unicelulares, entre enormes retortas y matraces de vidrio, llenos de distintas tonalidades de verde, iluminadas luces fantasmales. Había también un armario lleno de chocolates de todas las partes del mundo: mi tío-abuelo, que era un sabio, comía un trozo grande cada noche, y cada vez que lo visitábamos nos ofrecía, recordándonos que el chocolate amargo era bueno para los dientes; y además, conocía el remedio infalible contra el hipo. En su mesa, los almuerzos eran formales, las manos enguantadas legendariamente retiraban demasiado pronto el plato de mamá, privándola de lo que más le gustaba de niña, lo que había guardado para el final. En el jardín crecía y cargaba la única planta de Yaboticaba del país. Y en el salón, por supuesto, había un huevo de avestruz. Siempre quise tener mi propio huevo de avestruz, y secretamente esperaba heredarlo; en su lugar recibí la Enciclopedía Treccani, que es una maravilla interminable (como el huevo), y de la cual saltaban como naipes trucados, fotos con dedicatoria en blanco y negro, de hermosas rubias a punto de tomar un tren.



Ahora estoy pensando que me hace falta un huevo de emu. 





Decoración interior.




Estos palitos (almost au naturel) no vienen del mar, sino del desierto (que es un mar profundo o viceversa). Para mí son hermosísimos tal y como están, pero parece que lo que es evidente para unos, a los ojos de otros requiere un poquito de limpieza, en el sentido en que lo habría dicho Michelangelo (modestamente): quitar simplemente la corteza, para que se haga evidente el alma. Liberar a los esclavos.


Por supuesto, el reto consiste en re-elaborar el recuerdo del viaje (palito, piedra, concha de mar, hueso, semilla… y lo intangible), jugar con él a la metamorfosis, convertirlo en una obra propia, gracias al comprometido proceso de colocar la propia alma en ello. Metáfora.


Hay besos que invitan


Qué interesantes las imágenes que nos obligan a pensar y a definir en qué lugar nos encontramos.




http://www.almamagazine.com/entradas-publicidad_de_benetton-el_beso_prohibido


Parábola


Un maestro espiritual a una madre desconsolada por la muerte de su hija: «Circunstancias, hija mía, circunstancias.» Algunos días más tarde, el mismo maestro en cólera porque le han robado su laptop. 

Dios bendiga este hogar (amplae domus etiam reliquiae sunt)





Viene a visitarte una amiga y ella insiste para que la amiga que la trae se baje a conocer tu casa. Su amiga, horrorizada por la confusión, mide los metros y calcula por cuánto se podría vender. Lo cual demuestra que donde mismo algunos ven maravillas, curiosidades y libros, otros sólo ven caos y oportunidades de una comisión. 

Te levantas un domingo muy soleado por la mañana y para empezar, rompes el broche de bronce de tu cartera nueva (favorita). Luego descubres que hay una filtración que ya ha inundado tanto el cuadro medieval merideño al que sólo le faltan los ángeles de algún Rafaelita tocando laúd, como el armario de la ropa íntima y las dormilonas de la abuela. La gata, a la que le diste un poco de leche porque no come nada y está alimentando a tres tripones preciosos (¿alguien quiere un gato?), tiene diarrea y ha estado decorando la terraza en la que las orquídeas desérticas se mueren de sequía, y la entrada de la casa, lo que es muy mal feng shui, por descontado. Terreno minado por el que anoche, entrando a oscuras, tuve ocasión de probar mi suerte: tal parece ser que pronto me lloverá encima la abundancia, lo que es de agradecer, supongo. 
Mientras tanto, el agua que destila por las paredes en preciosos hilitos brillantes, baja por la escalera, escalón a escalón, como una cascada perezosa no de jaspe sino de granito. Y son apenas las 8 am. Mi amiga Sari, que está aquí de visita, insiste en que si el día comienza así, sin duda terminará gloriosamente, lo que me recuerda a alguien que se alegraba si pinchaba un caucho al partir de viaje, porque, decía, luego sólo podía ir mejor.
Pero lo que verdaderamente me pone al borde de las lágrimas, es que se me desparramen todas las almendras del frasco por la gaveta correspondiente en la nevera. Conclusión: el cuerpo logra aguantar las grandes desgracias, pero es la minúscula astilla la que nos saca de quicio. Teme la astilla! Te vencerá. 

Sobre el orden y la óptica


¿Mi casa es ordenada o no? Lo que pasa es que estoy encaramada en varias capas arqueológicas, yo por lo general, partiendo de tabula rasa, soy bastante ordenada. O por lo menos, clasifico con criterio científico, salud Carolus Linnaeus. Me pregunto si es un valor social o arquetipal, natural. Sasha viene a mi casa a desayunar arepitas tamaño morocota, muy apropiadamente llega con mis mismas piyamas, como si lo hubiésemos hecho a propósito, una de rosa y la otra de azul, Megelas; y me recuerda el movimiento de rotación del óvulo cuando es alcanzado por la saeta más centrada y la multiplicación regular en la mórula y su desarrollo, me recuerda la espiral perfecta del ADN ordenando la memoria y toda la química orgánica; la cristalización ordenada de los elementos químicos… Dios artista y creador comienza su creación con un movimiento de ordenación de los elementos. Así las mujeres, al barrer el patio de mañana, ordenan el mundo.
 

Entonces cuando tengo que salir, no encuentro las llaves del carro. Pierdo un montón de tiempo buscando las llaves del carro, que no aparecen por ninguna parte. Sé que las usé esta misma mañana, muy temprano, así que deben estar en la casa. Busco en los lugares más obvios. En la sala, en la cartera, en todas las carteras. En el sofá, debajo de los cojines. Los duendes esta vez se pasaron. Muevo todo. Con las llaves de repuesto, controlo que no estén dentro del carro o la maleta. Nada. Vuelvo a pasar revista a todas las carteras. Busco en los lugares ilógicos, en el baño, en la terraza, en la nevera (se han visto casos), en el cuarto de la plancha. Nada. Me rindo, soy un desastre, la más desordenada, no tengo remedio.
Entonces me llama Sasha: mis llaves están en la óptica adonde ella fue a arreglar sus lentes después de desayunar en mi casa. 


¿Qué piensas tú? (Sal de Arcadia)


Pienso esta mañana que cuando me siento abrumada por detalles domésticos, lo que siento es una zozobra existencial que no sé cómo manejar, con la cual no sé cómo bailar. Me pregunto qué es lo primero que pienso cuando abro los ojos al nuevo día que comienza, qué rituales y mecanismos uso para reconstruir el mundo una vez más y mi puesto en él. Y pienso también en qué es lo que me llevo a la cama y acaricio entre mis pensamientos, justo antes de abandonarme al sueño. Estoy curiosa de saber qué piensas tú, como si con eso pudieras darme alguna clave.
Arcadia termina, porque el verano da paso al otoño y hay que dejar las hojas caer, pero es difícil evitar la nostalgia por esa savia y su brillo de miel, ámbar y sol; y sobre todo la ligereza en el corazón, que crece con cada golpe de viento y casi duele de felicidad y desconcierto amoroso.
Queriendo alargar el dulzor de la savia solar, alargo mi mano con esta carta, a cada hora, y en mi mano se queda. El ángel de la pertinencia me aguanta un ratito y me susurra al oído (a veces hace falta que aúlle, y ni aun así, y no recuerdo si este aun lleva o no acento), me susurra que lo que sucede en Arcadia se queda en Arcadia, exactamente como en las salidas de campo, aunque luego era mentira y todo se sabía; y que así como pasó el verano de Sardegna, cada uno lo vive y revive a su manera, no todos vivieron esta revelación, esta epifanía es toda mía. Y tuya, si la oyes.

Arcadia es un país utópico, un Jardín con jota mayúscula, el edén perfecto que todos hemos construido alguna vez en nuestra imaginación, el refugio de la inocencia cuando es fruto del sentido común y sobre todo mucho, pero mucho amor: cuando todo es perfecto, en la cresta luminosísima de la ola. Una vehemencia que creía desaparecida, ola más grande y potente incluso que el arrebol del amor. También, aprendo es el asteroide número 1020, parecen cosas del pana principito. Para más Arcadia, wiki: http://es.wikipedia.org/wiki/Arcadia_(poesia)

Atalanta era una chica muy desenvuelta, tanto que fue la única mujer en la nave Argos, capitaneada por Jasón que iba en busca del vellocino de oro y lo que hizo fue encontrarse con Medea. Había prometido no casarse, y para hacer desistir a los pretendientes, los retaba a una carrera, en la que siempre vencía. Quien la rindió finalmente fue Hipómenes, gracias a la treta de dejar caer tres manzanas de oro durante la carrera, una a la vez (demostrando que lo que ella necesitaba aprender era a doblegar su propia prisa). Fueron muy felices juntos, y tanto se amaron que los dioses, celosos, los convirtieron en leones. (ídem como arriba: http://es.wikipedia.org/wiki/Atalanta)

Desde la República de Arcadia, segunda parte.


Quizás eso, justamente: el ensayo de estar cerca, sin la urgencia de la cercanía, sin ninguna urgencia. (Y entonces, pregunta la vocecita rubia que me vive en la vecindad interior: ¿qué pasa con la pasión? ¿Tendría que olvidar la emoción que desarregla la fisiología, de puro placer de verte, e incluso de pensarte? ¿Tendría que renunciar al deseo potente, violento, fiera desatada, que gruñe y se revuelca sobre hierba y polvo para alegrarse mutuamente? ¿Y las dulcísimas e inofensivas locuras, qué digo, esas deliciosas y peligrosísimas locuras, especialmente peligrosas para los rígidos, los que no saben ni quieren jugar. È una festa, la vita. Definitivamente. La fiesta inolvidable.

Más, como siempre, entrenamiento al amar (páginas para la diferencia entre sustantivo y verbo): llevar la justa rienda, sostener en el aire al papagayo por las buenas artes del cordel: ni muy apretado, ni demasiado suelto. Apego, sí, inevitable; deseo, que no falte, como entre Atalanta e Hipómenes; gozo del cuerpo y espirales de soma para impregnar el mundo de dulzura y flores. Y sin que falte: saberse hablar, la honestidad por delante, que sea serena, respetuosa y certera en la elección de la forma, como siempre: cortesía. Amar: hacerse crecer. Mejorarse mutuamente. Hacer cantar el corazón, crear, generar descendencia por puro gozo.

También es esto otro: la atención continua. El cuidado en que el detalle refleje, como un fractal, lo que quiero, mi intención: que ambos nos encontremos bien y a gusto, cuando estamos tú y yo; que yo me encuentre bien y a gusto, cuando estoy sola. Buscar la palabra más acertada: asertividad. La búsqueda de la palabra correcta, la palabra justa. El peso de cada detalle, ejercicio zen en el cual se (¿infinitivo del verbo derivado de “excelencia”?) cuando todo está en su preciso lugar, y como un mecanismo de relojería todo sucede exactamente: es como una máquina sincrónica natural (situación que ya había entendido el autor de las bolas de drac), una semilla de perfección, la parábola marca Victor, del estudiante zen que alcanza la iluminación satori al beber el té perfecto de una taza perfecta, servido con los movimientos justos desde la tetera perfecta, etc. Poder de los detalles. Y también, por otra parte o juntos, sentido común. Ética y estética. 




Atalanta era una chica muy desenvuelta, tanto que fue la única mujer en la nave Argos, capitaneada por Jasón que iba en busca del vellocino de oro y lo que hizo fue encontrarse con Medea. Había prometido no casarse, y para hacer desistir a los pretendientes, los retaba a una carrera, en la que siempre vencía. Quien la rindió finalmente fue Hipómenes, gracias a la treta de dejar caer tres manzanas de oro durante la carrera, una a la vez (demostrando que lo que ella necesitaba aprender era a doblegar su propia prisa). Fueron muy felices juntos, y tanto se amaron que los dioses, celosos, los convirtieron en leones. (ídem como arriba: http://es.wikipedia.org/wiki/Atalanta)

DEFINICIÓN DE ARCADIA (o valiente intento).


Así es. A estas alturas, es cuando toca hacer lo que se desea: después de toda una vida de entrenamiento, aprendiendo ética por linaje (del de verdad, no de apellido) o sentido común. También el dolor es buen maestro, severo como deben serlo los buenos maestros; y como ellos, sin dejar nunca de ser espléndido en generosidad y en saber exactamente lo que necesitamos para purificarnos a través del infierno (aunque sin olvidar tampoco que a la sabiduría se llega igualmente por el dulce camino de la gracia).

Cómo vivir, según los dictados de un corazón ardiente y puro, ahí está. Malinche por la lengua. Corazón salvaje, indoblegable. Amor por doquier. El amor no termina, ahí se queda, te sigo amando igual que entonces, sin mellarse por la distancia la indiferencia el calendario, según. Cómo saber qué desear, otro larguísimo aprendizaje. ¿Qué quiero? Tan difícil como: ¿Quién/qué eres/soy?

Este es el Jardín Original: este estado de gracia. Este momento bendito de enamoramiento, en que no parece haber diferencias, y las que puedan verse, son maravillosamente parte del encanto. La recuperación de la esperanza, de la inmortalidad, de la sonrisa eterna en el horizonte, cualquiera que sea. Saber surfear esta ola sinuosa, dragón volador con la perla en la boca. Cómo enseñar a bien desear, qué magnífico taller de verano! Vacacional de ética por sentido común. 




Arcadia es un país utópico, un Jardín con jota mayúscula, el edén perfecto que todos hemos construido alguna vez en nuestra imaginación, el refugio de la inocencia cuando es fruto del sentido común y sobre todo mucho, pero mucho amor: cuando todo es perfecto, en la cresta luminosísima de la ola. Una vehemencia que creía desaparecida, ola más grande y potente incluso que el arrebol del amor. También, aprendo es el asteroide número 1020, parecen cosas del pana principito. Para más Arcadia, wiki:http://es.wikipedia.org/wiki/Arcadia_(poesia)

ESPERANDO EL BESO PARA SALIR DEL COMA




Blancanieves muerde la manzana, y queda convertida en la Bella Durmiente. El pedazo de manzana se le ha quedado atascado, probablemente por una semilla, que empieza a germinar y produce todo un bosque alrededor de la durmiente y su castillo. El bosque que envuelve a la Bella proviene de su propio aliento, que se transforma en zarzas y rosas. Espinas y flores: es característico de la adolescente. Hace lo que puede por protegerla, pero al mismo tiempo la aísla. Tiene su peligro: algunas veces las mujeres creemos que si nos dormimos va a pasarnos algo bueno, y ahí es cuando dejamos que el huso nos pinche.
Según otras versiones, el que duerme es el bosque mismo, y la bella está atrapada, duerme porque no le queda otra. La manzana, no lo olvidemos, es de la familia de uno de los dos árboles mágicos originarios: el del conocimiento del bien y del mal, o el de la vida y la muerte, no lo sabemos con exactitud. 

Primera parte: ¿Soda o leche?


Pensaba empezar este texto así: «Siempre me he preguntado por qué». Entonces pensé en hacer una estadística (o mucho mejor todavía, un gráfico generado gracias a un buscador), para ver cuántas historias, cuentos, artículos y post empiezan de la misma manera. Que al final, no siempre es completamente cierta.

((Y entonces, mucho más tarde, me di cuenta de que este párrafo introductorio llevaría al lector por una senda equivocada, que imprimiría un carácter contradictorio con el siguiente, sería como anunciar algo that you don’t deliver, publicidad engañosa. Y me di cuenta también de que este preciso párrafo era la línea divisoria, no sólo entre una idea y otra, sino también entre una intención y otra. Y pensé también en qué pasaría si lo eliminaba, este párrafo excesivo en explicaciones, y complaciente con la primera intención; pensé en eliminar también el primer párrafo, innecesario. Y luego me pregunté si se podría leer todo este texto, incluyendo el primer párrafo introductorio y éste, desde la óptica de la segunda intención, darle a todo el texto un carácter profético, metafórico, exagerar en el otro sentido. Interesante como ejercicio, este párrafo; aunque un poco trivial en su vanidad.))

¿Por qué hay que limpiar la gamuza con soda, y la patente con leche? Siempre me lo he preguntado. O a lo mejor no, acaba de ocurrírseme una idea detrás de la otra, y lo que me pregunto en realidad, es cómo fue que no los relacioné antes. ¿Hay algún tipo de vínculo mágico, paracélsico, entre los materiales? Un material es mate como característica resaltante, suave al tacto, procedente de un animal; el otro material es brillante, liso, y no sé de donde viene.
Patente, como en “zapatos de patente” es un término que me parece se usa sólo en Venezuela, mientras en el resto de países hispanos se llama “charol”; es piel laqueada con un barniz brillante, llamada en inglés (para dilucidación del término y sus derivaciones ideológicas) “patent leather”.
Detalles sobre su elaboración:

Ambos materiales, patente y gamuza, quieren algo líquido para limpiarse. Algo que sólo viene en forma líquida (elimina jabones, cremas, derivados del petróleo, abrasión), es decir se rinden al poder del Agua como elemento: son, cada una a su manera, suaves, y se rinden a la suavidad.
La gamuza quiere algo burbujeante, transparente, insípido, algo cuyo único sentido en la vida es efervescer, y tan es así que hay gradaciones bien precisas, no es lo mismo con soda que con San Pellegrino. La gamuza se limpia con soda. Un producto elaborado, agua que brilla, líquido en el cual se ha comprimido a la fuerza un gas
La patente quiere algo blanco, grasoso, nutricio. El primer alimento, el alimento materno. La patente se limpia con leche.

En definitiva: ¿eres gamuza o patente?

TRES NUEVOS COMPLEJOS FEMENINOS PARA LA PSICOLOGÍA.


Revisa en cuál grupo te ubicas (se valen las combinaciones de dos o varios; shaken, not stirred; adornar con sombrillita de papel para hacer bonito):

Complejo de Reina Roja: 
Corre y corre y corre para poderse mantener en el mismo lugar. Inventa miles de proyectos y escribe miles de propuestas, a ver si alguna sale, y mientras tanto corre al médico, al mecánico, al odontólogo, al oftalmólogo, al ginecólogo, al banco; prepara de comer para niños y bestias, se olvida de comer, come cualquier cosa, come de más; cambia bombillos y pañales, riega las plantas, escribe a los amigos, escribe un poema, se interroga sobre su destino y su misión en la vida, tiene dudas, tiene pilas de libros por leer y montañas de ropa por lavar.

Compleo de Pippi: 
Tiene la convicción de contar con un cofre mágico repleto de una herencia que nunca se acaba, con la cual pagar todos sus caprichos. Es una trasgresora convencida desde la infancia e inevitablemente se enfrenta a las figuras autoritarias, ya que siempre quiere hacer lo que le da la gana (que nunca es lo socialmente aceptado) y se rige por leyes personales más bien que sociales. Sus preceptos de limpieza, estética y convivencia serán de lo más peculiares, todo lo cual justificará con los más curiosos argumentos y cierta dosis de humor, que no hacen más que esconder el gran dolor de sus pérdidas.

Complejo de Ariel (La Sirenita): 
A ésta, lo único que le interesa es una criatura de otro planeta, que no se le parece en nada, pero a quien se empeña en salvarle la vida y por quien está dispuesta a entregar lo más preciado que tiene, con tal de tener la ilusión de parecérsele y de regalársele. Puede llegar a una insistencia fastidiosa en este respecto, y las formas más severas de patología incluyen la convicción de una fatal sublimación por la vía de esta ordalía o sacrificio. Mientras tanto, no se ocupan de ningún asunto terrenal, pues les duelen demasiado los pies. 


PSICOPROFILÁCTICA DE FRACASOS



Primero perdí la luz de la infancia y sus poderes
perdí cinco casas gané en orfandad

el trabajo se fue muy largo al carajo
otro me dejó un anillo al dedo
con táctica de venado se me desvaneció
mi gemela favorita
para no perder la costumbre te conocí
entonces la pérdida fue cotidiana
y completa

(Cuida tu sed atiende
cuida tu hambre
un hambre buena no se encuentra
a cada mal paso)

Shackleton zarpó el Apolo 13 despegó
los jamaiquinos decidieron competir
en olimpíadas de invierno
yo me senté al telar para esperarte
rodeada de cajas y restos de mudanza
a medio témpano flotante desolada
sin saber qué instantánea salvar del cataclismo
qué talismán del álbum de emergencia
era el momento de afeitar las barbas
llorar los perros seguir andando

(Tú, -que nunca conociste las maneras
todas en que te amé con qué fervor
fuiste mi dueño y te serví
tú que nunca supiste-
fuiste mi victoria mayor)



EL CUENTO DE LA AGUJA

VASSILISSA, tan sabia como hermosa Y LA AGUJA

Volví a leer el cuento, para compartirlo con ustedes. Era uno de mis cuentos favoritos infantiles, dentro de un librito de cuentos rusos que en algún momento desapareció. Después (mucho más tarde) leí la versión y la interpretación de Clarissa Pinkola, la muñequita como la intuición femenina y la herencia que pasa de madre a hija, un legado que corre por vía matrilineal y que debemos aprender a oír y a alimentar, para que nos cuide. También me gusta su lectura del pago de humildad a la bruja (la cuarta luna, la anciana sabia). 

Este cuento incluye también unas labores, como la separación de distintos tipos de semillas, que recuerdan sospechosamente las tareas de Psique, quien a diferencia de Hércules que usa la fuerza bruta y por eso se tarda tanto, se hace ayudar por bestias menudas y un rosal. Y además es una versión femenina del mito prometeico de la búsqueda del fuego y la luz, así que es recomendable volverlo a leer (versión completa aquí). 

Esta vez, me llamó la atención, en este cuento de mujeres y sólo mujeres, la mención a las agujas y los alfileres. Las hermanas no necesitan ir al bosque –donde sabemos que ocurren las experiencias iniciatorias—porque las iluminan la luz de sus alfileres, la luz de sus agujas, como bien había previsto la madre. Lo que me remite a la antropóloga Mary Douglas (la misma del terrible De la souillure, certeramente traducido por Purity and danger), quien recupera la versión francesa del cuento de la Caperucita Roja (Estilos de pensar, ed. Gedisa 1998). Cuando el lobo se encuentra con la niña, le pregunta si va a irse por el camino de los alfileres o el camino de las agujas. Lo que ella elija no importa, pero la mención de estos instrumentos de costura (y aquí recuerdo la frase de Louise Bourgoise sobre las agujas, que sirven para herir y también para remendar) se refiere veladamente a los roles femeninos: los alfileres no tienen agujero, sirven para uniones transitorias; las agujas deben ser ensartadas y al emplearlas con pericia sirven para hacer uniones permanentes. Para confirmar esta relación, hay tradiciones que asocian los alfileres con el cortejamiento y la época del noviazgo. 

Al final del cuento, Vasilissa hila, teje, corta y cose (recordemos las Parcas o Moiras), es decir, pone en práctica esos instrumentos. Muchachas, ¡a sus agujas! De donde, sin querer queriendo, nacieron hace un año Miranda, muñeca de trapo, y su gemela oculta. No sé qué mensajes dirán al oído de mi intuición, pero coserlas y darles vida fue una preciosa experiencia levemente regresiva y llena de simpáticas sorpresas. Como tantos ejercicios creativos que nos recomendara  Julia Cameron. 

«I’ve always had a fascination with the needle, the magic power of the needle. The needle is used to repair the damage. It’s a claim to forgiveness.» 
Louise Bourgeois.

El libro completo Mujeres que corren con lobos.
(escrito el 31 de marzo, 2010)

cuánto me has dado y qué poco me das.


¿Para qué se hacen las confesiones, qué propósito tienen? ¿Creemos que nos harán obtener alguna cosa? ¿O son una expresión ingenua y peligrosa (para quien con candor las hace, Voltaire)? Aparentemente no hay una tercera opción que represente para el que las expresa algo diferente de un juicio negativo o una condena certera. Hay que saber contenerse y esperar el momento oportuno (y eso no es manipulación: es instinto de conservación; lo pronuncio en afirmativo, quitando el punto de interrogación, y no estoy segura de si hay ironía o deseperanza en mi voz). Hay que saber jugar a ese juego de silencios y fintas, como la anciana dama escondiendo tras anzuelo y negación el retrato de Jeffrey Aspern (se exhibe y se esconde, con esa desagradable teatro/función de la coquetería que se quiere “típico”; la anciana maneja los hilos, y el rostro que seduce es el retrato). Hay que aprender a empuñar el hacha, Caperucita, y meter arsénico y crueldad en el cajón del arsenal, al lado de la ropa interior. 

Es mejor esperar, aguaitar las señales correctas, ¿cuánto tiempo hay que esperar por las señales correctas? ¿Y cómo estar seguros de que son las correctas? 

En la sabana que tan bien nos hizo conocer el narrador aquel de los abejarucos, con sus veraces teatrinos del hogar de las fieras africanas, los carniceros hacen largos paseos introductorios, vigilando los movimientos del otro, su respiración, el tenor de su aliento; se miran con fijeza, demuestran cuán feroces son, descubren los dientes, exhiben los genitales, despiden alguna nauseabunda ofrenda para establecer quién domina la situación, y al quedar claro ya todos están contentos y pueden sorber tranquilamente su té. Mundo carnívoro, quién va a querer ser grácil gacela, evanescente okapi. 

Talento suicida, exponer la yugular. Vengan, aladas bestias, nada mejor para atraer los carniceros. 
¿Publico, o no publico? 

DILEMAS DEL TRASPLANTE

Veo un programa de la BBC sobre los pacientes que están esperando un órgano para salvarse la vida. Historias terribles, llenas de pathos, varias películas conmovedoras. 
 Desarrollas compasión y empatía, pero luego te tienes que encontrar con su esperanza de que alguien muera para poder obtener el órgano anhelado. Una terrible contradicción entre esperanza, desesperanza y culpa. Podría ser una película estupenda (aunque cuidado con 9 ounces); pero este documental ya es toda una pieza de narrativa cinematográfica. 
Asistimos a una degradación progresiva, acompañamos a estas personas que reconocemos por nombre propio y por su patología; todos están esperando un corazón y es inevitable establecer jerarquías de prioridad: ¿quién se merece más obtener ese órgano preciado, ese verdadero tesoro? ¿Quién nos gusta más y por qué? ¿Qué criterios usamos inconscientemente para eligir quién tiene más derecho de existir? 
Es una decisión que debe tomar el médico cuando lleva a sus manos un corazón adecuado y asumir esa responsabilidad extrema: cuál de los pacientes que están en la lista, merece más vivir, sabiendo que alguno de los otros puede morir muy pronto por no haber recibido ese corazón. 
Es bastante cruel y revelador, el puñado de dilemas éticos que se nos presentan (¡muchos! el donante, el médico, el receptor, el órgano y su obtención), asociados tanto con la donación y recepción de órganos en sí, como con la posición en que coloca al espectador. 

Y hay una metáfora de vida asociada con estas ideas, pero voy a dejar que cada uno extraiga la suya. 


La mejor patria es un jardín

Cómo se abrazan fracaso y triunfo

Cada hormiga con nombre y apellido

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