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LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA


Slevin & The italian job: Me encantan las películas de ladrones ingeniosos y encantadores, perfectos gentlemen , reencarnaciones de Arséne Lupin. Creo que mi abuelita diría que hacen buenos novios sólo sobre el papel o la pantalla. (Cada uno lleva su propio caballo blanco, y esta idea no está mejor ilustrada que en las historias de los raptos de Zeus, que sabía entender de qué tenía que disfrazarse para seducirlas).

Volviendo a estas dos películas, deliciosas para pasar un fin de semana tranquilo y sin complicaciones, tienen otro elemento en común: se trata de una reverencia por la línea roja, la herencia del linaje familiar. Una reivindicación del padre y todas sus circunstancias. En S7 hay padres, hijos, e incluso un padre putativo. Padres que protegen a sus hijos, hijos que vengan a sus padres. Hijos que se independizan del padre. En TIJob hay un padre real, un padre putativo, la herencia en la sangre (lo que se hereda no se hurta), hijos vengando a su padre. Y enriqueciéndose con ello, en todo sentido.

Interesantes puntos de partida para una reflexión sobre el padre. Realmente me gustaría echarle el guante a ese libro que me presentó Gala Garrido (gracias Gala), de mi amiga Louise Bourgeois: La destrucción del padre. 

Coronada


Doble corona ptolomeica
No hay mente más asesina que la doble x
cuando se agravian sus razones conyugales:
la venganza de Hera carboniza a Semele
frente a su dios
rescatada luego del Hades fue renombrada
Tione la ardiente, diosa
del matrimonio. 


La llamada de la corona:
Se reciben vestidos de matrimonio, trozos de vestidos de matrimonio, retazos de vestidos de matrimonio; muñecos de torta, guantes, coronas y velos de novia, para un proyecto artístico: cualquier elemento y memorabilia relacionados con la celebración de alguna boda memorable (y cuál no lo es), para reconstruir una obra a partir de varios elementos, una reflexión acerca de las expectativas femeninas con respecto a su posición dentro de una estructura social, así como las expectativas sociales en relación con la figura de la mujer. Las partes de corona de velo son para hacer una corona de novia a Penélope.

Decoración interior.




Estos palitos (almost au naturel) no vienen del mar, sino del desierto (que es un mar profundo o viceversa). Para mí son hermosísimos tal y como están, pero parece que lo que es evidente para unos, a los ojos de otros requiere un poquito de limpieza, en el sentido en que lo habría dicho Michelangelo (modestamente): quitar simplemente la corteza, para que se haga evidente el alma. Liberar a los esclavos.


Por supuesto, el reto consiste en re-elaborar el recuerdo del viaje (palito, piedra, concha de mar, hueso, semilla… y lo intangible), jugar con él a la metamorfosis, convertirlo en una obra propia, gracias al comprometido proceso de colocar la propia alma en ello. Metáfora.


Tres barquitos


En el azul turquesa, imposible azul turquesa, blanca flor, arena animal que decora la piel y sostiene en su regazo las estatuillas de grieta vertical, ojos en grano de café. Azul, azul profundo alrededor de los naufragios, madera que se pudre, huesos que los peces besan, su alimento ya ha sido repartido en comunión. Tortugas verdes como ángeles.
Tres barquitos vienen a descubrir alguna cosa para otros, uno dos y tres, no somos islas sino un archipiélago, conectados en el fondo, comemos del mismo bentos, lo que nos une siempre más vasto de lo que nos separa.
El primer barco dice:
Así se ha hecho y así cumplido, esto caminaría a tu ritmo por donde tú quisieras.
El segundo barco dice:
Nostalgia, nostalgia del tiempo del verbo.
El tercer barco dice:
Quién es más afortunado: ¿el que vive el don, o quien lo ignora?
Tejemos con nuestras manos nuestro más luminoso destino.

Palitos playeros

Hace mucho tiempo, regresé de Aruba con dos cajas de cartón llenas de palitos recogidos de los acantilados. No se me ha curado esa manía: aquí está el resultado de mi última ida a la playa.



Nótese la delicadeza de los palitos en el centro.




Palitos planos con un agujero espontáneo


Palitos que parecen piedras (y una piedra real, creo que pómez)


Alguien consideró los palitos como muy cómodos:


VIDA EN EL TRÓPICO. Parte I.


En realidad había que arreglar el techo, cuya impermeabilización ya se había gastado al sol de varios años Reveronianos. Pero estábamos en épocas de lluvias y no podía hacerse nada: empezaron a formarse rosetones de liquen que procedían concéntricos, musgosos, cabeza abajo sobre el friso, levantando la pintura en láminas retorcidas, cada vez más grandes. Por aquello del cambio climático (aunque hubo quien aventuró la hipótesis de que también eran responsables las macumbas que supuestamente se realizaban a puertas cerradas en los ministerios, con fragmentos de huesos de los próceres de la liberación), la época de lluvias se extendió hasta llegar a la próxima y se cumplió el año y el techo seguía absorbiendo agua y empezó a filtrar. Primero sacamos los baldes y las ollas, porque parecía lo más adecuado, lo clásico. El techo debía estar completamente embebido, saturado de agua, porque empezó a filtrar como un tinajero, grandes gotas que engordaban con lentitud y nos miraban con su humor acuoso y sus pupilas de pescados, hasta reunir el valor suficiente para dejarse caer. El chasquido imprevisto nos sorprendía cada vez, rotundo, admonitorio, el balde hacía de caja de resonancia. Luego tuvimos que cubrir los muebles coloniales y los libros con grandes plásticos, para protegerlos. Sobre la superficie plástica las gotas sonaban sordas, con un ritmo que al principio nos tomaba por completo desprevenidos, y que era tan diferente del chasquido dentro de los baldes y las ollas. Finalmente terminamos por llevar el tiempo del día, nos extrañábamos si faltaba un compás; entonces, sin decirnos nada, lo supimos.  



UN CUENTO, UNA PARÁBOLA



Tenía una cicatriz en el cuello. Instintivamente, el Lord Duncany en mí vio emboscadas por callejuelas sospechosas y nocturnas, asuntos turbios, poco de fiar. No terminaba de decidir si su sonrisa era taimada o sincera. Ah, pero hablaba de la ciudad ensoleillée como sólo saben hacerlo los poetas. O como un poeta, a secas. Se encaprichó con mi libro y me lo pidió. Me di cuenta inmediatamente que no le interesaban mis palabras, sólo le llamaba la atención o atraía su curiosidad de urraca la fineza del papel, la antigüedad de las imágenes; también supe con igual certeza que sumar un libro exótico a otro, como si se tratase de una colección de conchas marinas traídas de cada playa visitada. Incluso pensé en negarme, pero los excesos de los maestros de cortesía en los lejanos años de la infancia palaciega me impidieron esa salida honrosa. Por aquello de que la honra y la cortesía no necesariamente coinciden. Miré mi libro, hermoso, rico en imágenes y amor, bellamente construido con buen papel y reales experiencias poéticas, tan difíciles de traducir; tan lleno de candor al mismo tiempo, tan ingenuo, tan puro, tan infantil en su sabiduría. Y al mismo tiempo tan sólido en su consistencia.  Me resistí un instante: el momento preciso en que el pie en su calza, casi imperceptiblemente detiene el movimiento del avance y emprende el movimiento en sentido contrario, como en cámara revertida): el momento en que el miniaturista medieval, o tal vez también Giotto, detienen la escena. Me despegué de él con pena; entreví en la sonrisa el sol particular del triunfo.
Entonces vi en su morral su libro, y como las leyes de cortesía contemplan la justa retribución, se lo pedí. No podía negarse, estábamos en corte. Escogió cuidadosamente entre los varios que tenía, el que ya había usado, el que no estaba prístino, y ese me entregó, pretendiendo que la presencia de su huella le confería más valor. Acepté el libro y lo vi pobre y malquerido, esmirriado, de material común y dudoso contenido. Para dedicármelo primorosamente me pidió la pluma. Me inquietó su caligrafía, no entendí las letras, tuvo que leerme la frase oportuna, brillante. Acepté, graciosamente. Entonces me dijo, mirando con interés goloso la pluma que aún no me devolvía:
--Qué hermosura de pluma. ¿Por qué no me la dejas? Yo las pillo dondequiera las encuentre, tengo un museo en casa, montones y montones de plumas pilladas alrededor del mundo.

Más tarde, mi hermano, que había estado presente en la lectura antes de que yo llegara, me comentó que sus poemas le habían parecido muy faltos de vida.

Primera parte: ¿Soda o leche?


Pensaba empezar este texto así: «Siempre me he preguntado por qué». Entonces pensé en hacer una estadística (o mucho mejor todavía, un gráfico generado gracias a un buscador), para ver cuántas historias, cuentos, artículos y post empiezan de la misma manera. Que al final, no siempre es completamente cierta.

((Y entonces, mucho más tarde, me di cuenta de que este párrafo introductorio llevaría al lector por una senda equivocada, que imprimiría un carácter contradictorio con el siguiente, sería como anunciar algo that you don’t deliver, publicidad engañosa. Y me di cuenta también de que este preciso párrafo era la línea divisoria, no sólo entre una idea y otra, sino también entre una intención y otra. Y pensé también en qué pasaría si lo eliminaba, este párrafo excesivo en explicaciones, y complaciente con la primera intención; pensé en eliminar también el primer párrafo, innecesario. Y luego me pregunté si se podría leer todo este texto, incluyendo el primer párrafo introductorio y éste, desde la óptica de la segunda intención, darle a todo el texto un carácter profético, metafórico, exagerar en el otro sentido. Interesante como ejercicio, este párrafo; aunque un poco trivial en su vanidad.))

¿Por qué hay que limpiar la gamuza con soda, y la patente con leche? Siempre me lo he preguntado. O a lo mejor no, acaba de ocurrírseme una idea detrás de la otra, y lo que me pregunto en realidad, es cómo fue que no los relacioné antes. ¿Hay algún tipo de vínculo mágico, paracélsico, entre los materiales? Un material es mate como característica resaltante, suave al tacto, procedente de un animal; el otro material es brillante, liso, y no sé de donde viene.
Patente, como en “zapatos de patente” es un término que me parece se usa sólo en Venezuela, mientras en el resto de países hispanos se llama “charol”; es piel laqueada con un barniz brillante, llamada en inglés (para dilucidación del término y sus derivaciones ideológicas) “patent leather”.
Detalles sobre su elaboración:

Ambos materiales, patente y gamuza, quieren algo líquido para limpiarse. Algo que sólo viene en forma líquida (elimina jabones, cremas, derivados del petróleo, abrasión), es decir se rinden al poder del Agua como elemento: son, cada una a su manera, suaves, y se rinden a la suavidad.
La gamuza quiere algo burbujeante, transparente, insípido, algo cuyo único sentido en la vida es efervescer, y tan es así que hay gradaciones bien precisas, no es lo mismo con soda que con San Pellegrino. La gamuza se limpia con soda. Un producto elaborado, agua que brilla, líquido en el cual se ha comprimido a la fuerza un gas
La patente quiere algo blanco, grasoso, nutricio. El primer alimento, el alimento materno. La patente se limpia con leche.

En definitiva: ¿eres gamuza o patente?

Casi Coma


Aquí tenemos a Blancanieves que muerde la manzana, y ya sabemos lo que va a sucederle. El trozo de fruta ya ha entrado en su sistema, el veneno va a actuar, y ella va a caer en un sueño muy profundo, casi un coma. Dormirá, como muerta, en una urna de cristal, en un témpano de hielo, hasta que un mágico evento la despierte. Las nuevas versiones afirman que será un beso, pero yo prefiero la variación en que mientras los enanos la transportan llorando, uno de ellos tropieza y el movimiento brusco hace que el trozo de manzana se desatasque de su esófago: ella tose y el pedazo es expulsado, sin necesidad del beso ni de maniobra de Heimlich.
Todavía me gusta más pensar que mientras duerme, en animación suspendida, debe realizar un delicado trabajo: metamorfosear el veneno en agua de vida, igual que lo hace esa peculiar Virgen Madre en la novela Dune.
No hay que olvidar que el cuento de Blancanieves es una historia de aprendizaje y afirmación de la feminidad, es una historia en que los personajes son dos: madre e hija. La hija necesita crecer, comprender cierto misterio (eleusino) que las hace parte de la cofradía de Deméter y Koré, Cloris y Flora: necesita encontrar su propia savia para florecer. Y la semilla de esta savia le es amorosamente entregada por su madre, en forma de manzana. Walt Disney se concentró en atizar las emociones del temor a la Reina mala, bruja, anciana engañadora y vanidosa: pero su versión desvirtúa el profundo significado del regalo que pasa entre madre e hija.
La hija necesita pasar por esa ordalía, en que el sacrificio es ella misma: es parte de su proceso de crecimiento. Al despertar, al salir del coma, al renacer, será una mujer, y la rueca seguirá girando.


(Esta carta forma parte de la baraja femenina “Cartas viajeras”, o la Tarota).

EL CUENTO DE LA AGUJA

VASSILISSA, tan sabia como hermosa Y LA AGUJA

Volví a leer el cuento, para compartirlo con ustedes. Era uno de mis cuentos favoritos infantiles, dentro de un librito de cuentos rusos que en algún momento desapareció. Después (mucho más tarde) leí la versión y la interpretación de Clarissa Pinkola, la muñequita como la intuición femenina y la herencia que pasa de madre a hija, un legado que corre por vía matrilineal y que debemos aprender a oír y a alimentar, para que nos cuide. También me gusta su lectura del pago de humildad a la bruja (la cuarta luna, la anciana sabia). 

Este cuento incluye también unas labores, como la separación de distintos tipos de semillas, que recuerdan sospechosamente las tareas de Psique, quien a diferencia de Hércules que usa la fuerza bruta y por eso se tarda tanto, se hace ayudar por bestias menudas y un rosal. Y además es una versión femenina del mito prometeico de la búsqueda del fuego y la luz, así que es recomendable volverlo a leer (versión completa aquí). 

Esta vez, me llamó la atención, en este cuento de mujeres y sólo mujeres, la mención a las agujas y los alfileres. Las hermanas no necesitan ir al bosque –donde sabemos que ocurren las experiencias iniciatorias—porque las iluminan la luz de sus alfileres, la luz de sus agujas, como bien había previsto la madre. Lo que me remite a la antropóloga Mary Douglas (la misma del terrible De la souillure, certeramente traducido por Purity and danger), quien recupera la versión francesa del cuento de la Caperucita Roja (Estilos de pensar, ed. Gedisa 1998). Cuando el lobo se encuentra con la niña, le pregunta si va a irse por el camino de los alfileres o el camino de las agujas. Lo que ella elija no importa, pero la mención de estos instrumentos de costura (y aquí recuerdo la frase de Louise Bourgoise sobre las agujas, que sirven para herir y también para remendar) se refiere veladamente a los roles femeninos: los alfileres no tienen agujero, sirven para uniones transitorias; las agujas deben ser ensartadas y al emplearlas con pericia sirven para hacer uniones permanentes. Para confirmar esta relación, hay tradiciones que asocian los alfileres con el cortejamiento y la época del noviazgo. 

Al final del cuento, Vasilissa hila, teje, corta y cose (recordemos las Parcas o Moiras), es decir, pone en práctica esos instrumentos. Muchachas, ¡a sus agujas! De donde, sin querer queriendo, nacieron hace un año Miranda, muñeca de trapo, y su gemela oculta. No sé qué mensajes dirán al oído de mi intuición, pero coserlas y darles vida fue una preciosa experiencia levemente regresiva y llena de simpáticas sorpresas. Como tantos ejercicios creativos que nos recomendara  Julia Cameron. 

«I’ve always had a fascination with the needle, the magic power of the needle. The needle is used to repair the damage. It’s a claim to forgiveness.» 
Louise Bourgeois.

El libro completo Mujeres que corren con lobos.
(escrito el 31 de marzo, 2010)

microcuento 4


El elefante torpe fue por fin feliz cuando lo dejaron entrar en una tienda de artículos de plástico. 
Pero pronto, demasiado pronto se dio cuenta de que extrañaba el sonido del cristal.

Formas de silencio


Era el último linotipista. Había aprendido el oficio de su padre, al que vio morir lentamente envenenado por el contacto cotidiano con el plomo. Día a día formaba palabras combinando los pequeños tipos con sus manos, la máquina sonando su peculiar música, el metal reptando por la piel hasta las entrañas. 

Era el último de su especie y había conocido a varias generaciones de todos los operarios en la tipografía; se enamoró de la nueva recepcionista. Pasó tres semanas pensando en ella cada día, tipeando en su teclado las manos pensaban en rozar su cabello y los botones de su blusa. Nunca había hecho tantos errores, las palabras en barra caían al caldero, el plomo se fundía y renacía como pasta maleable para formar nuevas palabras que él imaginaba todas para ella. Empezaba cada línea pronunciando su nombre, recordando la sonrisa fugaz de cada tarde al despedirse, evocando el color de las uñas ese día; por la noche compartía la cena frugal con un fantasma amado, al escuchar un bolero en la radio la estrechaba bailando, al acostarse se despedía con un beso y por la mañana anhelaba su saludo breve. 

El penúltimo día llegó la impresora nueva, que procesaba en cuatro colores texto e imágenes directamente del original digital. A la salida obsequió a la muchacha el libro más hermoso entre los que le habían donado del depósito que necesitaba hacer espacio: el que venía con dibujos y fotos; ella lo recibió con agradecimiento distraído, absorta en un complicado trámite de divorcio que le había agotado las ganas de enredarse con hombre alguno. 

Al día siguiente, mientras desinstalaban la máquina de tipos de plomo, ayudando al muchacho de la guillotina un error cortó limpiamente sus dos manos, ya inútiles. 

EL TESORO DE BABA YAGA


Lo pensé esta mañana, mientras barría el patio. Barrer siempre me ha parecido el aporte femenino al ordenamiento del mundo. Parece un acto trivial, pero es magia simpática, todas las mujeres del mundo que barren el patio cotidianamente ayudan a que el mundo no se caiga a trozos. Pensé en la escoba, ese instrumento de limpieza, que ayuda a eliminar el polvo y las boronitas que se acumulan por los rincones y opacan la pulcritud de pensamiento y sentimiento. La escoba es uno de los tres instrumentos (de elaboración de la experiencia) que aparecen en el cuento de la Doncella Manca. Los otros dos son el hacha, y la piedra del molino. 

¿Qué aprende Vasilissa en casa de la Bruja? Varias cosas: a someterse humildemente a su régimen y sabiduría. A lavar los trapos sucios. A separar las semillas útiles de las inútiles. A mantener cierta discreción acerca de lo que sucede dentro de casa. A alimentar a la hora justa a su muñequita de la intuición. En realidad, Vasilissa es bastante pasiva, siempre tiene a su muñequita que trabaja por ella (al igual que sucede con Psique, que siempre consigue ayudantes de todo tipo. Hormigas, un águila, un rosal, una torre). ¿Suficientes símbolos hasta aquí? 

Uno más: Baba Yaga llega volando en un mortero, remando en los aires con la MANO del mortero. ¿Qué hace un mortero? Lo mismo que hace la piedra del molino, sólo que el mortero está en manos de la mujer, en el corazón de su reino, la cocina. 

Muñecas mágicas


Las muñecas son uno de los simbólicos tesoros de la naturaleza instintiva, feroz y resistente. Por muy grande que sea el embrollo en que nos encontremos, ésta sigue viviendo oculta en nuestro interior. 
A lo largo de muchos siglos los seres humanos han experimentado la sensación de que las muñecas irradian una impresionante e irresistible presencia que actúa sobre las personas, provocando en ellas un cambio espiritual. Se cree que los que hacen los muñecos les infunden vida. El muñeco es el símbolo de lo numinoso que se oculta en los seres humanos, un pequeño y resplandeciente facsímil del Yo original, un minúsculo fragmento de alma que contiene toda la sabiduría del Yo espiritual. 
Y las muñecas se utilizan como talismanes. Los talismanes son recordatorios de lo que se siente, pero no se ve; de lo que es así, pero no resulta obvio con carácter inmediato. (Tomado de Mujeres que corren con los lobos) 

Me di cuenta de que Miranda es sólo la mitad visible y conocida, pero tiene su morocha que casi nadie conoce: ella es la suavecita, la que acompaña los sueños y la que sabe aunque tenga los ojos dormidos. La intuitiva, la que lee los símbolos correctamente. Y es precisamente ella la que más necesito en este momento, su consejo y compañía. 

Todo sucede mágicamente… La muñeca me está enseñando, es impresionante lo mucho que me dice. Yo creí que había nacido un poco como por casualidad, un poco en broma con su apariencia exagerada, y que no tenía mucho que ver conmigo pero qué va... Me habla y me habla y me habla, en este momento sobre todo de su hermana gemela, la desconocida. La que nadie ve. 
Está claro que no habrá novio azul hasta que Megela aparezca primero. 

Lo que toca ahora, como parte del camino que atraviesa el bosque de la Doncella Manca y que la llevará eventualmente a recuperar sus manos, son unas sesiones de manualidades espirituales, “caminar haciendo con las manos” para recuperar el camino y el puesto sobre y en la tierra. Pues viajar acompañados tiene un encanto particular... aunque al final cada uno se labra su propio viaje interior. 
¿Quién quiere jugar? 

Jardinería prodigiosa y espiritual


Como saben, le llegó la hora al jardín y la emprendimos con entusiasmo, resueltas a aprender alguna cosa y a leer cada acto como una metáfora de las labores de espíritu en el jardín interior. Y así llegamos al segundo día de trabajo. El primer día fue desbrozar maleza, y el segundo recoger y limpiar (ocho bolsas grandes y varios fajos que el camión del aseo no quiso llevarse)… y más maleza. 

Para empezar, aprendimos que quitar las malas yerbas no es cosa de un día. Sobre todo si se han dejado crecer por demasiado tiempo…. Descubrimos que encontrar la raíz central del problema (la raíz del miedo) no soluciona el problema, y que eliminar la raíz del problema puede llevarse varios días de trabajo arduo y mejor si con la colaboración de alguien de confianza. Pues la raíz del problema suele tener infinitas ramificaciones, y mientras no se elimine el origen, seguirán apareciendo por todas partes. Atención, las malas yerbas producen semillas, y si no se ven y recogen con cuidado, ya se sabe lo que pronto ocurrirá. 

Descubrimos que al descubrir la raíz del problema a veces aparecen otras sabandijas, de las que pican, hay que tener cuidado. Y cuando crees que has localizado la raíz del problema, resulta que consigue una más, y otra y otra. Hay varias. Todas imposibles de eliminar a la primera. Me hacen pensar en los baobabs del Principito. Descubrimos que las malezas son muy astutas y tienes excelentes estrategias para sobrevivir: invaden todo el terreno y se aseguran el dominio del territorio. Asegurar un jardín limpio requiere de un trabajo constante. 

Cuando termina el día, acabas molida. Espalda molida, manos destruidas, cortaduras y arañazos por todos lados, mucha hambre y sed, y una fatiga que se extiende igual que la raíz del problema; pero hay que perseverar. Y no es cosa de tener la satisfacción de ver el jardín primoroso al terminar: queda desnudo, pelado, reseco, como un campo de batalla, pues bajo de la maleza no quedaba nada; hay que esperar que la vida haga su trabajo, esperar los ritmos de la naturaleza, que se regeneren los equilibrios de las distintas especies, y puedan florecer a su tiempo. 

Sobre todo, descubrimos que todo el trabajo en el jardín es metafórico y que sólo al ejercerlo a través del cuerpo, entendemos el significado que en la teoría, en el papel, en las palabras, se queda corto. Las células lo registran por medio de la experiencia del cuerpo. 

Y para subirnos el ánimo mientras el jardín reverdece y para ayudarlo a recuperarse con prontitud, nos pusimos a coser y cantar, unas muñequitas como la de Vassilissa la Hermosa, dejándonos sorprender por la voluntad propia que desplegaron en cuanto al peinado que deseaban, y al desarrollo de su cuerpo, y a su ropa y todo. Para quienes hayan olvidado la historia de Vassilissa y su muñequita de la intuición, así como la más maravillosa bruja que vuela en un mortero y vive en una casa con patas de gallina, la tienen completa aquí mismitico:  

Sobre la Baba Yaga


La mejor patria es un jardín

Cómo se abrazan fracaso y triunfo

Cada hormiga con nombre y apellido

buenas cosas que hacer con libros

Del ADN de cada casa

Migajitas

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Otras hormigas