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La mujer de arena y el entomólogo



Al principio, el entomólogo observa entre las dunas a la hormigaleón, que hace una trampa en embudo por la que se cae su víctima; pronto es él mismo la víctima que cae en la trampa de arena. Se siente preso en una relación a la que ha sido forzado. Busca sin cesar una manera de escaparse, para no volverse loco. Ella teme cada noche, al acostarse, despertar a la mañana siguiente sola. La cooperativa la secunda, le busca el marido, la cuida mientras ella siga las reglas impuestas por la sociedad (lo mismo que la sociedad apoyará que una mujer se mantenga casada, porque soltera es más cara de mantener). Ella en realidad sufre porque él quiera escaparse: desearía que él quisiera quedarse. No le basta con que él se quede, debe además desearlo.



El hombre todavía no se ha dado cuenta de que la situación (o la mujer) lo ha puesto en el papel que mejor le va: querer escapar. Es el rol que más le gusta jugar, incluso más que estar libre. De hecho, cuando estaba libre era un entomólogo un poco zonzo que sólo deseaba que algún bicho tuviera su nombre, ahora es un héroe astuto, ingenioso. Si lo piensas bien, todos los héroes se prueban en situaciones extremas, de amenaza a su libertad. Si no hay amenaza, fuerza antagónica, conflicto, no hay historia. Es la manera masculina de construir una narrativa: el camino del héroe. Al final se dará cuenta de que tiene un nuevo propósito, mucho más importante que el nombrar un bicho, incluso más importante que escapar.
La vía femenina, en cambio, pasa por el rapto amoroso, el beso y el bosque; y su narrativa puede ser difusa. 

Suna no Onna, La mujer de arena (1964) Hiroshi Teshigahara


LO QUE SE HEREDA NO SE HURTA


Slevin & The italian job: Me encantan las películas de ladrones ingeniosos y encantadores, perfectos gentlemen , reencarnaciones de Arséne Lupin. Creo que mi abuelita diría que hacen buenos novios sólo sobre el papel o la pantalla. (Cada uno lleva su propio caballo blanco, y esta idea no está mejor ilustrada que en las historias de los raptos de Zeus, que sabía entender de qué tenía que disfrazarse para seducirlas).

Volviendo a estas dos películas, deliciosas para pasar un fin de semana tranquilo y sin complicaciones, tienen otro elemento en común: se trata de una reverencia por la línea roja, la herencia del linaje familiar. Una reivindicación del padre y todas sus circunstancias. En S7 hay padres, hijos, e incluso un padre putativo. Padres que protegen a sus hijos, hijos que vengan a sus padres. Hijos que se independizan del padre. En TIJob hay un padre real, un padre putativo, la herencia en la sangre (lo que se hereda no se hurta), hijos vengando a su padre. Y enriqueciéndose con ello, en todo sentido.

Interesantes puntos de partida para una reflexión sobre el padre. Realmente me gustaría echarle el guante a ese libro que me presentó Gala Garrido (gracias Gala), de mi amiga Louise Bourgeois: La destrucción del padre. 

la entrada por desarrollar: El lector


Ver la película “The reader”, recordar el documental sobre Dalton Trumbo, quien escribió Johnny got his gun. Sobre la ética personal, la culpa, el perdón y la responsabilidad. 

CODE 46




Una película que mientras más veo, más me gusta.
Una historia de amor bellísima. La construcción de una relación en circunstancias peculiares, y sus implicaciones.
Una reflexión visual sobre el urbanismo en nuestra visión del futuro (a la altura de Blade Runner).
Una excelente premisa de ciencia ficción: consecuencias de la reproducción in vitro; uso de virus para afectar el comportamiento (empatía, rechazo…); toda una sociedad basada en el binomio Adentro / Afuera (y ya esto merece todo un capítulo aparte: se ha profundizado una brecha ya dolorosa, la pobreza continúa en el “Afuera”, pero al mismo tiempo hay); el uso de una lengua asociativa, con palabras de cortesía en distintos idiomas (“papeles” son documentos, en castellano; “I love you” si es el hijo al padre, “Ti amo” si es al amante; etc.); sistema de valores que propone una revisión de la sinceridad y el respeto, las emociones… posibilidad de remover porciones especificas de la memoria. Y qué clase de biografías nos construimos, si desconocemos porciones de nuestra vida (quién eres, entonces, si no recuerdas? Y en última instancia, los recuerdos tienen un valor inmenso, aunque impliquen dolor y destierro: recuerdas que has amado). «No les importa lo que pienses/recuerdes, si estás Afuera.»
Trabajo actoral excelente, lleno de sutilezas.
Y además, con música excelente.


«It's so easy to pick someone for their qualities... we are constantly bragging about them.
Much more interesting, specially at this time of life, is to choose them for their flaws and wrongs: which ones can you live with?»

«Lo que tú quieres que yo sea»






Nada mejor que comenzar a eso de las 7 y media a.m. con “La noche del cazador” (Charles Laughton, 1955). Qué maravillosa película. Ya había tenido la intuición de recordar “Whatever happened to Baby Jane” (1962), y es que hay algunas similitudes en los mecanismos para acceder a las emociones del espectador. Películas de terror psicológico, crudas sin necesidad de mostrar las imágenes: por inflexiones, sugerencias, sonidos, omisiones. En las que la balanza de la narrativa oscila entre quién es el fuerte y quién es la víctima.
                                                                                               
Me interesa en particular el desarrollo de la relación entre la madre y el predicador: la dinámica del enamoramiento redentorio. Que se revela, terrible, en el momento en que, después de desnudar su alma en la intimidad del espejo, en su noche de bodas, tendida en su cama ella ora a Dios por que le dé la fuerza de ser como él (el hombre-dios, acostado a su lado) quiere que ella sea[1].

Es evidente que una petición de esta naturaleza exige confianza ciega en las capacidades del Otro, el Amado, para saber juzgar lo que es lo justo y conveniente, dónde está La Verdad. Ella lo cree, por supuesto, y en ese momento se representa un drama universal: la sumisión a la voluntad del otro, la pérdida de la propia voluntad, da igual que sea por amor erótico o político.  

Y puesto que lo cree, con cuánta convicción (exaltada: la convicción del desvarío, del rapto) ella acepta su cruz, se inmola para salvarse: qué bien juega su papel de víctima expiatoria, cordero para la piedra del sacrificio, profetisa de su propia exaltación. Ella se convierte a los dogmas del Amado (no sabemos si por incapacidad de aceptar que se desinfle la imagen de sus proyecciones amorosas; o porque verdaderamente se da cuenta de que es la única manera de salvar la cara y cierta dignidad), aunque destruyan sus deseos más intensos, y está tan convencida, que condena esos deseos como impuros, y los pisotea. Para erguirse como santa y mártir.

Ella susurra: que me dé fuerzas para ser como él quiere que yo sea: es la oración cotidiana de la mujer que llama con desesperación y sin esperanza a su amor no reciprocado (pero será redimida por su fénix ardiente, dentro de tres años). En el intento de agradarlo, ella lo sobrepasa y se convierte en una caricatura de lo que ella ha proyectado en el Otro.

Quién sabe, quizás esa sea su misión, hacer del encuentro una terapia curativa.

Para esta mujer en situación de rapto, el Amado es un dios, y lo que él señale será la verdad, el camino y la vida. Quien lo haya vivido lo reconocerá. Querer ser, para el otro/querer ser para el otro: se acicala para que el ojo de él la aprecie, para dejarle saber que todos sus movimientos y sus pensamientos son para él, que le pertenece sin condiciones, que es suya aunque suene a bolero, porque así es; porque ella misma ha marcado con hierro candente su carne, con la marca del Amado: es la historia de O.

Oh, baby, «You’ve been lookin’ for love in the only foolish way you knew of.»

El otro polo, la otra opción, es una vida continua de investigar quien coño soy yo, qué es lo que quiero hacer y ser, cuál es mi forma de vida, dónde están mis preferencias, mis verdades y mi ética.

Entonces, si me sumerjo en un rapto y escojo bien (qué mejor raptor que Zeus, ¿cierto, Calisto?), remolcador tiburón a rémora, me cuelgo de ti, me inmolo sobre la piedra como ofrenda, tómame toda que del holocausto saldré renovada en más flameante espíritu, más yo y más sola, brillantemente deslastrada de lo que se supone que según las expectativas sociales debería ser y hacer.

Un buen amor te hace crecer hasta ser lo más tú misma que se pueda.




[1] Al revés de lo que hace Zeus, tan astuto, biricchino, que se convierte en lo que ellas desean: lluvia de oro, cisne, diosa. 

DILEMAS DEL TRASPLANTE

Veo un programa de la BBC sobre los pacientes que están esperando un órgano para salvarse la vida. Historias terribles, llenas de pathos, varias películas conmovedoras. 
 Desarrollas compasión y empatía, pero luego te tienes que encontrar con su esperanza de que alguien muera para poder obtener el órgano anhelado. Una terrible contradicción entre esperanza, desesperanza y culpa. Podría ser una película estupenda (aunque cuidado con 9 ounces); pero este documental ya es toda una pieza de narrativa cinematográfica. 
Asistimos a una degradación progresiva, acompañamos a estas personas que reconocemos por nombre propio y por su patología; todos están esperando un corazón y es inevitable establecer jerarquías de prioridad: ¿quién se merece más obtener ese órgano preciado, ese verdadero tesoro? ¿Quién nos gusta más y por qué? ¿Qué criterios usamos inconscientemente para eligir quién tiene más derecho de existir? 
Es una decisión que debe tomar el médico cuando lleva a sus manos un corazón adecuado y asumir esa responsabilidad extrema: cuál de los pacientes que están en la lista, merece más vivir, sabiendo que alguno de los otros puede morir muy pronto por no haber recibido ese corazón. 
Es bastante cruel y revelador, el puñado de dilemas éticos que se nos presentan (¡muchos! el donante, el médico, el receptor, el órgano y su obtención), asociados tanto con la donación y recepción de órganos en sí, como con la posición en que coloca al espectador. 

Y hay una metáfora de vida asociada con estas ideas, pero voy a dejar que cada uno extraiga la suya. 

EL PODER DEL TUERTO


EN TIERRA DE CIEGOS (Land of the blind) 
Excelente película con Ralph Fiennes acerca de los peligros del poder y las trampas de la ideología sobre la conciencia y la cordura del alma. Comienza claramente señalando los abusos del régimen, cualquier régimen (hay alusiones y footage históricos de varios de ellos) aunque en realidad se refiere más íntimamente a los intersticios del ejercicio del poder político. La violencia sostenida produce resultados inesperados. Después de una era de agresión, lo que le sigue (se llame revolución o liberación o democracia o restauración) es más agresión, y más adoctrinamiento, y más resequedad del alma. La arbitrariedad engendra una nueva oleada de arbitrariedad. Todo cambia para seguir igual. 

Girando y girando en el vasto girar 
el halcón no puede oír al halconero. 
Las cosas se destruyen, 
ceden los cimientos, 
la anarquía se desata sobre el mundo, 
una marea de sangre se desborda 
y se extingue en todas partes el ritual de la inocencia. 
Los mejores carecen de toda convicción, 
mientras los peores están llenos de fanática osadía. 

"The Second Coming," del poeta irlandés William Butler Yeats (escrito poco después del fin de la primera Guerra mundial, aunque poco importa la localización cronológica original, más que como referencia para revisar la actualidad). Traducción de Juan Cueto-Roig. 

Poema completo traducido, aquí: http://www.decirdelagua.com/decir9/decir9_016.htm.
Otra versión: http://estoyentodaspartes.blogspot.com/2008/10/william-butler-yeats.html Poema completo en su clarividente versión original y una curiosa interpretación aquí: http://www.yeatsvision.com/Secondnotes.html Un pequeño estudio sobre Yeats desde México, aquí: http://sincronia.cucsh.udg.mx/freiderich.htm 

Sobre la “ceremonia de la inocencia”, recuérdense los parlamentos de Lady Macbeth y sus manos imposibles de lavar (segundo acto, segunda escena): «También mis manos están rojas, pero mi corazón no desfallece como el tuyo.» No hay manos blancas, no hay inocentes. 

Interesante y recurrente alusión simbólica al elefante, que reforzaré con una mención a Topsy: http://en.wikipedia.org/wiki/Topsy_(elephant) (está el video). Aparentemente la vuelven a pasar por la tele, aunque no logré entender la fecha y hora (thefilmzone); no se la pierdan. 


A MAP OF THE WORLD

A veces tiene mucho sentido ver una película en la tele y dejar que el azar nos lleve a comenzar a verla en cualquier punto. Entonces nos toca descubrir eventos y elementos que de seguro fueron explicados previamente, pero en el descubrimiento tortuoso y casi fortuito de las razones y motivos, hay un placer adicional. Anoche vi A MAP OF THE WORLD (1999), con Sigourney Weaver. 
Cuando llegué allí, se la estaban llevando presa, por maltrato a niños. Llegué en pleno conflicto. Luego descubrí que era una mujer de mucho carácter, una outcast en un pueblo de pusilánimes mojigatos y chismosos. Luego descubrí que su gran amiga, que tanto la extrañaba, era la madre de una niña que se había ahogado en su propiedad. Luego descubrí que su vida en el campo era un experimento de citadinos. Todo iba cobrando sentido, jalonado por los acontecimientos. Igual que sucede con la vida, que, como buen thriller (y qué bueno que gracias a la cultura cinematográfica, apreciamos y reconocemos los códigos, nos convertimos en detectives tras las pistas de elementos significativos, repeticiones sospechosas… al igual que la vida nos presenta situaciones que vamos desentrañando dificultosamente). 
Personajes interesantísimos, caracteres complejos y de múltiples texturas, lástima del guión chato y sin fantasía, mejorado por el azar de mi llegada a mitad de película. Ella, Alice Goodwin, fuerte hasta ser desagradable; sin pelos en la lengua, hasta ser incómoda (pero su amiga decía que era “refrescante”, esa manera suya despiadada de decir exactamente lo que sentía). Y el episodio en la cárcel, en que se golpea la cabeza de forma salvaje. Y ese misterio de su propia madre desaparecida, no sabemos cómo. Y la referencia metafórica del mapa guardado en un cajón, herencia de la madre desaparecida (que ahora es ella), un mundo imaginario en el cual refugiarse, supongo. Sería interesante leer el libro (novela de Jane Hamilton). Su marido Howard (David Strathairn), un blando lanzado a las revueltas aguas de una situación turbulenta con la que le cuesta un huevo lidiar; él mismo presa de una madre dominante. Me pregunto cómo decidieron esa aventura de ir a jugar a los campesinos. Me pregunto cómo se habrá formado esa pareja dispareja, y cómo dentro de esa unión y con la experiencia de ese terrible año revuelto, se consolidó el amor. Y la amiga Theresa (Julianne Moore), con esa amistad feroz, de fuerte carga erótica, por Alice: sosteniendo a Howard en medio del huracán, confundiéndose, extrañando a su amiga hasta la desesperación, hundida en un matrimonio áspero y poco imaginativo; todo esto, según descubro luego, con el elemento perturbador de que la muerte de su hija, probablemente por una circunstancia banal —si es que puede ser banal la muerte accidental de un niño—, está ligada precisamente a esa amiga. 
Cómo el vendaval que levanta la maledicencia y sus infinitas e imprevisibles consecuencias tentaculares, transforma sus vidas y sus caracteres y sus relaciones entre ellos. Se trata de un ejemplo extremo, desde luego, pero revelador.

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